CERVERA, POLENTINOS, PERNÍA Y CASTILLERÍA, Froilán de Lózar (3ª Edición)

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23 de septiembre de 2016

Como un cuento de hadas

Sobre un verde intenso, que se extiende como un mar sobre este hermoso valle de Cantabria, al visitar Caloca, uno se adentra por sus empinadas callejuelas, por donde se mezclan los olores a robles, hayas y alcornoques.



Hasta en los días más cálidos (raro que se superen aquí los 25 grados) la chimenea humea y la sensación de paz te invade, en estos lugares donde el turismo no lo ocupa todo, como sucede en Potes, pocos kilómetros más abajo.

Bajo la atenta mirada de dos estupendos labradores, observamos el bosque lebaniego. Una periodista viajera lo definiría como "una pincelada azafranada"; otro bloguero, escribe que estos bosques han salido de un cuento de hadas, describiendo lugares cercanos a estos de Caloca y Vendejo poblados de robles enormes y de bellísimos acebos.

Los habitantes del norte de Palencia, sobre todo los ganaderos, cuando suben a revisar los ganados que pastan en el puerto de Pineda, suelen mirar hacia este pueblo desde el ojo de Vistruey, en Casavegas y es por este motivo que algo me empujó a visitarlo el pasado mes de agosto, para dejar constancia de una forma de vida, incluso diferente a la vida de los nuestros. No hablamos de un pueblo viejo, algunos aseguran que es un pueblo de 400 años, pero hay muchos detalles que nos hacen volver la vista: la panera que sobresale por los muros de alguna de sus casas; la larga escalera que nos sube a la iglesia, el potro de herrar, la cantina y un conjunto de casas rurales que invitan a conocer la abnegada vida de sus gentes. Tan dura como hermosa. Tan arriesgada como envidiable; en primavera, como un inmenso mar de verde y en otoño con tonos ocres de una hermosura sin igual.

Aquí los quesucos tienen denominación de origen, y el borono, y los embutidos de venado, sin olvidarnos del cocido lebaniego, plato obligado si llegas a estos lugares de Cantabria.

Dejamos para otro rato el Valle de Cereceda, con pueblos como Bárago, de donde guardo algunos recuerdos juveniles; Cosgaya, ya de camino hacia Espinama y Fuente Dé, una de cuyas pistas nos conduce hacia el collado de Llesba, junto al Puerto de San Glorio, rincones, todos, como salidos de ese cuento de hadas.

@De la sección "La Madeja" en Diario Palentino, 2016


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22 de junio de 2016

Viaje al occidente de Cantabria

Cinco son los nervios principales que forman esta extensa comarca: La ruta de Piedrasluengas: un extenso ramillete de pueblos que junto al río Buyón caminan hacia la capital de los mercados: Potes; la ruta de Espinama, en el extremo más occidental, que enseguida nos dejará en el Monasterio de Santo Toribio; la ruta de Aliva, el desfiladero de la Hermida y la ruta de San Glorio.
Pero por proximidad y contacto voy a centrarme en la primera.




Nadie ha discutido nunca la majestuosidad del Peñalabra, que los paisanos denominan familiarmente “mesa” o “baúl de Polaciones”. Subir a la cima es cosa de dos horas, y quienes conocen su bravura, aconsejan hacerlo por la parte sur, la que mira al valle de Pernía.
Mi buen amigo, el poeta vasco Marrodán, lo expresaría así en verso:

 “te rindo estas palabras, te evidencio:
montaña de color, devoción sana…”

Su ladera está plagada de flores muy conocidas y apreciadas por nuestra gente: arzolla, genciana, te, sanguinaria…, milagrosas porque abren el apetito de los niños, desintoxican la sangre y curan las hinchazones. Pero no hay palabras para describir el mundo que se divisa desde su cima. Uno se imagina cómo buscan el mar aquellos valles cántabros, a la derecha, esa luz especial que despide la barrera de los Picos de Europa, y,  al frente, las inmensas llanuras castellanas, los pantanos. Desde la parte palentina uno se va metiendo en estos valles fértiles, donde, merced a esa incomunicación y lejanía que padecieron, se nos muestra un paisaje inmaculado y una forma de vida inalterable. Los carreteros que viajaban hacia Palencia, tenían su última parada en la Venta del Horquero, antes conocida como la venta de Ezequiel y las Cortes. En otro tiempo también se conoció como la venta de Cantalguardia y los nativos del lugar aseguran que perteneció al valle de Santa María de Valdeprado, según papeles donde se especifica los gastos que tuvo el valle en retejarla hacia 1750.
En este punto, donde la historia nos divide por un famoso y viejo pleito, el viajero puede recrearse con las leyendas de bandidos y las historias de carreteros y caminantes que en los crudos inviernos trataban de salvar los últimos kilómetros.

Los viejos lebaniegos recuerdan los largos viajes que realizaban con los carros, sobre todo a las poblaciones de Cervera, Aguilar y Mave, donde llevaban ruedas y barandillas, albarcas y escarpines, para regresar cargados de patatas, vino y harina. En documentos antiguos, según el Becerro de las Behetrías, los reyes mandaban donaciones y de su estudio se desprende el vínculo tan fuerte que nos mantuvo unidos a esta tierra. Así, el obispo de Palencia tuvo en tiempos Señorío en la parte de Polaciones, los pueblos enteros de Cotillos, Salceda, San Mamés y Tresabuela. Y en Liébana, los pueblos de Viñón, Castro, Rasés, Soberado, Valmeo, Bárago y Bedoya. Soberado en la actualidad forma parte del concejo de Bárago (cuya fundación se calcula hacia el 929). Desde estos pueblos se transportaban en carros las manzanas para venderlas en los pueblos palentinos de Lores, Vidrieros y Triollo.

Nos encontramos en el paso natural que los Cántabros emplearon tras ser derrotados por Agrippa, para ir a refugiarse en el Monte Vindium. Aquellos bravos cántabros, que al decir de algunos investigadores bebían sangre de caballo, pasta de la que llevan bastante nuestros cuerpos, fueron capaces de mantener una guerra de diez años contra las invencibles legiones romanas.
Me he referido en varias ocasiones a la belleza de estos valles vecinos que, cobijados del cierzo por la grandeza de los Picos de Europa, disfrutan de un micro clima que permite el cultivo de la vid y el cerezo, el trigo y el maíz, el olivo y el alcornoque.

Cuando hablo de la inmensidad y la grandeza de estos lugares, recuerdo la lectura de Robert Wagner en Verdeña. El descubridor del bosque de fósiles explicaba allí la causa de aquellas formaciones haciendo mención al cataclismo que alteró la tierra y levantó una montaña donde antes había un mar. Si allí colmó la alegría de nuestros ojos semejante fenómeno, a medida que nos metemos en la comarca lebaniega mayor se nos representa el espectáculo que las fuerzas tectónicas produjeron hasta elevar los sedimentos del lecho marino a la altura que hoy se encuentran.
A la belleza del paisaje se une la variedad y la riqueza de su flora y su fauna y un largo capítulo etnográfico todavía por estudiar.

De la sección "Vuelta a los Orígenes", en Diario Palentino. 
20.11.04 @ 08:00:00. Archivado en Artículos, Los lugares.

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4 de mayo de 2016

Viaje inacabado

El 5 de Mayo de 1953, en su "Nuevo viaje de España", Victor de la Serna firma en Palencia el artículo titulado: "El área de las sacras piedras". "Palencia, esta provincia vertical, como Burgos.../ es una de las concentraciones más densas de motivos turístico-arqueológicos que hay en España. Si se trata de la arquitectura románica, probablemente es la más rica de Europa y, por lo tanto, del mundo."


No podemos pedirle más a un viajero tan selecto como Victor. Cuando Gregorio Marañón escribe el prólogo de este libro a mediados del siglo pasado, se refiere a los viajes como la parte más olvidada de la literatura, y hace una leve mención al "Viaje por España" de Ford, ponderando su narrativa. Cita, asímismo, el viaje peninsular de Teófilo Gauthier, hallando en la narrativa de ambos autores, no sólo el conocimiento profundo de España, sino también el conocimiento de quienes hacen el camino, la propia intimidad de los viajeros, cosa que en aquellos momentos no se vende en nuestro país. Si Marañón levantara la cabeza y se asomara un día cualquiera a los medios de comunicación, se quedaría perplejo del cambio operado en los españoles.
"A los españoles –escribió él– no les gusta exhibir su intimidad ni en las cartas, ni en las memorias, ni en los relatos entrañables de viajes".
Para el citado prologuista, la generación del 98 está llena del espíritu de Antonio Ponz, a quien no duda en calificar como el gran viajero español, que reaparecerá en la mente de todos, e influirá en el pensamiento de muchos que, incluso, no le habían leído.

Y es verdad que, los viajeros, en el transcurso del tiempo, van fijando, mejor que los historiadores, la evolución del alma de los pueblos. Actualicemos pues, algunos datos que Victor nos presenta en su artículo. Allí sitúa el escritor a Lebanza como capital de "La Pernía", sin duda por el influjo que sobre esta tierra ofrece el monasterio de La Abadía, y nos habla de "La Castillería, como la avanzada primera de fortalezas hacia el sur por el paso desde Liébana y donde está uno de los pueblos más bonitos de España, San Salvador de Cantamuga". Aquí el maestro sí da de lleno en el término de "Cantamuga" (canto o mojón de la muga o límite) y hace una breve llamada para explicarlo: "El nombre de Cantamuga es frecuentemente deformado y sustituído por el que entre la ignorancia y el mal gusto han creado: Cantamuda".

No sé si a instancia de Manuel Mediavilla, vendrán un día los Príncipes de España a conocer "Fuentes Carrionas". Sería una ocasión histórica para reivindicar nuestra montaña porque, acusando el recibo de "Talens", poco se puede hacer por el conocimiento de esta tierra, si la promoción no llega a los grandes medios y, acaso tampoco estemos para un desembolso de esas proporciones.

Yo creo que poco a poco, hemos ido trasladando las placenteras sensaciones de nuestro largo viaje a través de esta tierra. Que por muchos caminos recorridos, sigue pareciéndonos infinita, hay muchas profundidades inéditas en ella, hay misterios por resolver aún, formas y vidas nuevas, estampas llamativas que se citan por los lugareños como con esa especie de miedo a que, una vez descubiertas, sean mancilladas.

Hay una lucha muy definida entre dos partes, la de quienes la ocultan por miedo a una masificación y a un probable deterioro y, la de quienes, enamorados hasta las cejas de ella, desean que se conozca y se difunda a los cuatro vientos su belleza.

Entiendo que me encuentro a medio camino de esas dos posturas: escribo de ella, hablo de los lugares, recalo en sus leyendas, y lo hago todo con el ánimo de que los palentinos conozcan y valoren en toda su extensión el enorme potencial ecológico y turístico que nos avala.
Tenemos el medio. Otra cosa es que sepamos descubrirlo y respetarlo en su justa medida.

@De la serie "Vuelta a los Orígenes" en Diario Palentino.
 27.11.04 @ 08:00:00. Archivado en Artículos, Los lugares.

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20 de abril de 2016

El persianazo de "La Venta Campa"

Aquella semejanza con la que describía la situación real del turismo rural, uno de los agraciados con el primer premio por su labor en pro del desarrollo de este apartado en nuestra provincia y, más en concreto, en nuestra zona norte, viene bien para justificar el cierre de uno de los lugares más emblemáticos de nuestra tierra, como es la Venta Campa de San Salvador de Cantamuga.

Lo que probablemente ha sorprendido a todos es el persianazo a secas, cuando tantos novios y poderosos inversores porfiarían por este lugar, y no sólo por su situación estratégica, y no sólo por hallarse en el centro de la comarca, sino por la popularidad que alcanzó su cocina tradicional, donde un plato de legumbre, un cocido, un guisado o una chuleta de la mejor carne daban gusto al paladar más exquisito.



Vega Antuña, que vino desde Langreo (La Felguera) y se asentó en La Pernía, donde regentó el economato, acuñó una frase que, aunque tremenda, viene a reflejar la importancia que tuvo y de la que doy fe:
“San Salvador y la Venta Campa van tan ligados que no se comprende a uno sin otro”.
Y lo dijo Vega, que escribió bellas páginas en este medio y que sintonizaba muy a menudo con Palencia en aquel popular “Cimbalillo”, cuando la nieve lo tapaba todo.
Todo se acaba o se transforma. No cabe más nostalgia en esta entrega de hoy. Es la muerte de algo que en esencia no debería morir nunca, sino empezar de nuevo con otros bríos, tomando el relevo de aquellas manos que hicieron de la cocina más sencilla un arte.

Muchos colaboradores de este medio han hecho referencia alguna vez a este lugar de La Pernía, que raro era el domingo que no colgara el cartel de completo. Pero ni con esas garantías puede hablarse de éxito. En todos los lugares cuecen habas, que es lo mismo que decir que en todas partes acechan los problemas y ni la presencia abundante de gente consigue mitigarlos.

En Cervera se rumorea que los herederos de la archiconocida “Cascarita” quieren hacer lo mismo; otro lugar de rancio abolengo, con su escabeche, sus avellanas y su queso. No sé por qué razón, algunos pensadores hablaron de la memoria como un arma de dos filos, donde son más las cosas que uno quisiera olvidar que las que quiere recordar, premisa que no suele cumplirse en estos casos donde, cumplida la faena, al final de una vida plagada siempre de recuerdos y anécdotas, uno decide colgar su mono de trabajo cerrando la puerta.

La Venta Campa siempre estará ligada a nuestra vida, no sólo por la gente de corbata y poderío que pasó por ella, sino, especialmente, por los parroquianos de los pueblos vecinos que llenaron cada tarde de partida. La Venta Campa era un punto de encuentro, una especie de casa grande en la que siempre encontrabas el alivio a tus penas, y no lo digo por el vino.

Ganaderos, tratantes, políticos, mineros, médicos, secretarios, jóvenes y menos jóvenes, todos los pueblos del contorno, por tradición, por transmisión, por situación, por lo que fuera, la primera parada la tenían en La Campa, donde la familia Pérez, que aguantaron serenos con todos los altibajos y los intríngulis que comprende un negocio, consiguieron llegar al final de una etapa.

@De la sección Vuelta a los Orígenes, en Diario Palentino.
13.01.07 @ 13:40:34. Archivado en Artículos, Los lugares.


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29 de mayo de 2015

La herrería

En la comarca de Campoo, en un pequeño altozano entre Aguilar y Reinosa, se encuentra Villanueva de Henares. Después de dar una vuelta por el pueblo y cambiar impresiones con varios vecinos, me encontré a las puertas del hotel de cuatro estrellas "La herrería".
Aunque el lugar está cerrado y a la espera de alguien que lo recupere, todavía en varias páginas de internet pueden encontrarse ofertas como esta: "Romàntico fin de semana en un moderno hotel de la sierra palentina."



En 2007, Sara González, la cantante de Greta y los Garbo y su pareja, Marco Giovane, aprovechando dos viejos edificios, uno fabril, que algunas fuentes datan en el siglo XII y una casona de fechas más recientes, levantaron en este lugar un hotel rural de estilo urbano. La pareja no escatima en gastos y en su aderezo intervienen importantes estudios y firmas, combinando en sus dieciséis habitaciones de lujo, los elementos más antiguos con los más vanguardistas. Todavía en la hemeroteca de la revista Woman puede verse la promoción de su paquete relax: dos noches con desayuno y spa para dos, por 301 €.

Fernando Gallardo que escribe en El País sobre temas relacionados y que también eligió un pueblo de la montaña palentina para establecer su segunda vivienda, hace alusión a esta iniciativa, aunque habla de un empacho de vanguardismo, donde "la articulación de los espacios dificulta la circulación interior del servicio".
Y efectivamente, como si de una premonición se tratara, meses más tarde echa el cerrojo con unas deudas que superan los 2 millones de euros. Ya pueden deducir, aunque no sean entendidos en el arte, el derroche de todo que alli se dio: spa con sauna, piscina climatizada, cabina de hielo... hasta esculturas cedidas por el Museo de Ursi para que no faltara detalle.

Greta y Los Garbo fue un grupo musical que iniciaba su andadura en 1989, en Valladolid, llegando a los puestos más altos de la música con temas como "Hay noches que sueño", "Pienso tanto en ti",  "Quiero volar" o "Vuelvo a ti". 
Pero, como bien resume el crítico en la inauguración, y es una pena, para hacer funcionar bien un hotel no basta con ser famoso.

Para la sección "La Madeja" en "Diario Palentino" y Globedia.
Imagen: Orígenes

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21 de septiembre de 2012

La línea imaginaria



Hay una pregunta que siempre nos hacemos, no sólo quienes escribimos del mundo rural en los distintos medios, es una pregunta que se hacen las gentes que viven aquí, que se hacen los Agentes que transitan el Medio, los forasteros, y que se hacen los políticos, quienes tienen el encargo de darle la vuelta a ese dintel despoblacional que está en boca de todo el mundo.

¿Por qué está tan desprotegido el mundo rural?

Dirán ustedes que es normal, que hay poca gente. Algunos, incluso, dirán que el fin de los pueblos está empezando a vislumbrarse, que no tiene sentido alargar mucho más este dolor. Que es una cosa natural e inevitable que pasa cada equis siglos. Y que puede tocarte como a otros les toca ahora el paro o a otros les tocó antes la peste...

Quienes hemos nacido en uno de estos pueblos, los que se han pasado toda su vida en ellos, lo vamos asumiendo mientras contamos los vecinos que van quedando en uno y otro sitio..

Es una recta boca abajo que no recupera ya la vertical, que se deshilacha por los bordes, que se encoge en el invierno, que asoma la cabeza por temporadas y que en el verano se deshace víctima de los halagos y los beneplácitos de todo el mundo.

Es una línea vieja, que ha soportado el paso de los años, que seguirá estando ahí sin disculparse por el terrible invierno, ni por los secos veranos.

Esa línea, real o imaginaria, también se pregunta como todos nosotros por qué le encanta a casi todo el mundo y, por qué, si tanta exclamación de admiración despierta, nadie hace nada para impedir su ocaso.

Imagen: Mirador de Cerradillo o Bocarón de Casavegas, por José Luis Estalayo. Más imágenes en facebook

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14 de septiembre de 2012

Desde la posada de Camasobres


Algo que te hace ver distinto es la garra de la gente, frente a todos los abismos que vaticinamos unos y otros en los Medios de Comunicación.
Ellos, los que viven aquí, no tratan de explicar su vida con las prestaciones tan escasas de que disponen. Ni siquiera se pronuncian cuando les colocan en medio algo que va a impedir que su vida transcurra en esa especie de balón de oxígeno que todos los demás aventuramos.

Cuando te propones algo, sabes a grosso modo con lo que cuentas y en la mayor parte de los casos, ellos han hecho lo que les apetecía, de ahí que no tengan que pedir cuentas de nada a nadie. Ellos viven la vida que les toca con lo que tienen a mano, rompiendo muchos miedos, sobrellevando muchas ausencias, remendando donde otros fracasaron antes…

Un buen ejemplo lo tenemos ahora en la Casona de Camasobres, con un cocinero cubano que se ha ganado ya la estima del contorno. No sólo te regala pinceladas genuínas en los condumios que elabora. Aquí no falta la tapa castellana entre trago y trago. Se nota y se agradece, sobre todo, esa preocupación constante porque todo esté en su punto y los comensales se vayan satisfechos.

El establecimiento se encuentra a la entrada del pueblo, junto a la carretera comarcal. Entre San Salvador y Piedrasluengas. Inicialmente, la posada se pensó para un turismo más selecto, pero el actual propietario ha cambiado de politica y ha abierto las puertas de par en par a todo el mundo. El pueblo tiene su taberna de lujo y la gente de la pernía sube a tomar sus vinos.

Ah, todo en su punto, pero si vienen a pasar un dia a la montaña y comen aquí, no dejen de probar la crema de orujo. !bendición de los dioses!

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14 de agosto de 2009

Por fuentes y valles



Es verdad que, en lo que pudiéramos denominar el aspecto físico, hemos sido dotados de una riqueza incalculable.

A ello quiero referirme en las tres próximas entregas, ahondado así en las informaciones que sobre la zona se han ido generando. Porque la insistencia es la base del conocimiento, sobre todo, en nuestro caso: pueblos pequeños, pueblos lejanos, pueblos agonizando...

Sorprende, sobre todo, el caso de Los Llazos, donde una casa abierta se asoma a un valle inmenso. Es una especie de lucha contra todo, porque todo está en contra, porque todos están al otro lado, mientras van asistiendo al deterioro que hace mella sobre el entorno. Belleza, soledad, silencio y miedo. Miedo a pensar cuando llega la noche y sopla el viento y el invierno se mete por todos los resquicios.

Es el mismo invierno contra el que todos protestan en Madrid, pero tú también eres invierno para ellos, prisionero de una decisión firme, como era la de vivir tu vida aquí, en estas condiciones, a riesgo de no ser comprendido por nadie, ni por los pueblos vecinos, que miran hacia tu chimenea esperando una señal de rendición.

Preocupa por otro lado, aunque no se mencione en ningún sitio, la pérdida paulatina de población en localidades como Polentinos. Esto les lleva, inevitablemente, a perder su autonomía, como ocurrió con Lores o Los Redondos, como ocurrió en su momento con los pueblos de la Castillería, anexionados al Ayuntamiento de Cervera.

Yo entiendo las reticencias y los miedos de un pacto. Lo más justo hubiera sido una alianza entre todos ellos, incluido Vañes y Polentinos, porque hablamos de pueblos similares, muy próximos entre sí, con problemas idénticos, con gentes que saben ya de sobra lo que implica vivir con esas carencias en los asuntos básicos y a quienes sólo la unión y un compromiso firme de quien asuma su gobierno, puede, cuando menos, aliviarlos.

Se denota, asimismo, la ausencia de personas emprendedoras, de aquellos que al margen de su condición política, se han movido para hacer cosas en su pueblo, como es el caso de Angel Gómez. ¿Qué quieren los que aplauden su ausencia? El tiempo va minando la voluntad más férrea. El tiempo y la interpretación de su trabajo, al margen de las siglas políticas que defienda.

Imagen: Fuente deshondonada, por Froilán
Para saber más de esta fuente, visitar nuestro blog Curiosón


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5 de mayo de 2007

La Abadía de Camilo



“En la abadía de Lebanza se está bien y tranquilo. Queda lejos, en Cervera de Pisuerga, provincia de Palencia, pero se está muy bien. El viaje merece la pena”. La nota está extraída del libro “San Camilo”, de Camilo José Cela, prologado por Francisco Umbral y cuyo lanzamiento levantó mucha expectación en su momento. Cela llevaba algunos años sin publicar y afrontaba en la misma la guerra civil, en los tres días cruciales del levantamiento, y por lo tanto, en la festividad de San Camilo que es el 18 de Julio.

“En la Abadía de Lebanza –prosigue en su monólogo– por doce pesetas te dan pensión completa en habitación con agua fría y caliente y lavado de ropa incluido, cinco comidas diarias y toda la leche y todos los huevos que quieras y que seas capaz de comer”.

Cuando Camilo escribe de este lugar haciendo un canto incluso a la altitud, los 1500 metros sobre el nivel del mar, más que el doble de Madrid, y “el ambiente despejado y sin niebla en el que se respira un aire muy fino y desintoxicador”, es como si tratara de mitigar aquel levantamiento que se vive en las calles de Madrid y que los protagonistas movidos por su mano parecen ignorar, comiendo, festejando, viviendo a tope aquellos últimos y pacíficos días de lo que denominaron Belle Epóque. ¿Qué le impulsa al viajero de “La Alcarria” a fijar sus ojos en este santuario mariano? ¿Visitó él la Abadía y se siente impactado por el lugar o toma referencia por boca de algún escritor o político del momento?

No es la primera referencia a nuestra tierra. En “La Colmena”, su obra cumbre, cuya primera versión no pasará la censura española y se publica finalmente en 1951 en Buenos Aires, se nos habla de Dorita, expulsada de su casa por haber tenido un hijo de soltera: “La criatura fue a morir una noche, en unas cuevas que hay sobre el río Burejo, en la provincia de Palencia. La madre no dijo nada a nadie: le colgó unas piedras al cuello y lo tiró al río, a que se lo comieran las truchas”.

Al hilo de esta semblanza, abro el correo y me encuentro con la carta de una lectora natural de la tierra, que se muestra agradecida por tantas vivencias y costumbres como se van mostrando en estas páginas. La tierra envejece, en pocos años se han ido muchos seres queridos, pero es verdad que las montañas, los valles, siguen expuestos a la mirada del viajero, aunque ya no haya tanta leche en la Abadía y lo que se vea, con el mismo esplendor de aquellos años -porque nada ha cambiado en el horizonte-, no invite a una estancia muy larga y sosegada.

Una de las páginas consultadas hace referencia, precisamente, a los años de la posguerra, cuando la Abadía fue Seminario Menor, dedicación que obliga a realizar algunas reformas que, al decir de los críticos, no se muestran respetuosas con la traza original. Clausurado el seminario, las instalaciones se utilizan como Colonias veraniegas hasta caer en el olvido que hoy soportan.

Sí es verdad que en el artículo anterior me mostraba a favor de recuperar esos capiteles románicos que se encuentran en la Universidad de Harvard, pero al ritmo que van las cosas por estas tierras, tal vez no sea el momento de reclamar nada. Sería más sensato que las autoridades tomasen las medidas oportunas para recuperar turísticamente este rincón que hoy yace en el olvido.


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29 de abril de 2006

Tierra de júbilo


¿Qué es un año Santo?. Alguien lo ha contestado muy bien: un año de gracia en el que la Iglesia concede indulgencia plenaria, es decir, el perdón de los pecados. Los años santos pueden ser ordinarios, los normales como el lebaniego, o extraordinarios cuando los proclama el Papa por un motivo especial. Sus orígenes se remontan al antiguo testamento. La ley de Moisés había determinado para el pueblo un año particular: “Declararéis Santo el año 50, y proclamaréis en la tierra la liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresará a su familia”.


El presidente cántabro, Miguel Angel Revilla, con motivo de la inauguración de la carretera que daba acceso a Cabariezo, en Cabezón de Liébana, adelantó el pasado año que su ejecutivo la iba a armar, publicitariamente hablando, con motivo del Año Santo Lebaniego en 2006. “El gobierno cántabro se piensa volcar con la comarca lebaniega en un alarde y un despliegue propagandístico como nunca ha conocido esta región”.

De este modo, el gobierno de la nación ya ha equiparado Santo Toribio a lo que ha sido Santiago de Compostela, el Año del Quijote y Salamanca 2005.

Curiosamente, Santo Toribio de Liébana, es el único que no ha recibido una visita papal, por lo que varios colectivos de la villa, animados por la invitación que el gobierno regional cursaba al Papa Benedicto a primeros de Octubre, estudiaron la posibilidad de un encuentro.

El Monasterio de Santo Toribio tiene junto a Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Caravaca de la Cruz, el privilegio de celebrar el Año Santo, otorgado por medio de una bula del Papa Julio II, en el año 1512.

Pero a nadie se le escapa que el motivo principal de la celebración del jubileo se centra en que allí se guarda y se venera el trozo más grande de la Cruz de Cristo, que trajo a España Santo Toribio, obispo de Astorga, y que fue trasladado a este rincón ante el peligro de invasión de los árabes.

En cualquier época del año, se celebre o no este importante acontecimiento, Liébana brilla con luz propia. Pero el turismo, que es la mayor baza económica del otro lado de nuestras fronteras, está ya amenazando con desbordarlo todo, de ahí nuestro proyecto de un túnel, o una vía rápida que diera salida hacia la meseta a los miles de turistas que visitan la comarca y que, una vez recorrida, vuelven a toparse con el lento calvario de salir hacia el mar por el desfiladero de la Hermida. Parece que hay ya una voluntad política de arreglarlo. Tarde, como siempre, pero bueno al fin y al cabo, y entre los proyectos de Revilla se encuentra el acceso a Fuente De y el tramo que nos afecta desde Ojedo a Piedrasluengas. Buena nota que han tomado ya nuestras autoridades para hacer un esfuerzo similar y reparar la vía que va desde Cervera al puerto.

Confiamos que no se trata de un asfaltado sin más, porque no se puede promocionar el turismo sin abordar antes el estado de las carreteras que nos llevan hacia ese bello e incomparable marco que es La Liébana.


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6 de noviembre de 2004

Universalidad de Redondo

A medida que avanzan los días, la nostalgia me devuelve al encantado valle de Redondo. Yo estoy emocionado por este Universo de colores, por esta sinfonía variopinta que lo mismo te muestra una pared pintada en un Ribero, que te abre los ojos a la Sierra, donde Tres Mares se evidencia como un clamor acurrucándose sobre la mesa de nuestro Peña Labra.


Seguro que este retintín mío les suena a quienes han tenido la paciencia de seguirme, y les seguirá sonando mientras me queden fuerzas, porque, como en el amor, en la promoción ha de existir un diálogo constante, repitiendo miles, millones de veces, nuestro mensaje, que estimula y advierte, que refresca las ideas y va apoderándose poco a poco de la ambigüedad y el desinterés de los más reticentes. Si quienes llevamos el mensaje nos mostramos excépticos y desencantados, mal revulsivo transportamos.

Como ya anunciamos en la pasada primavera, el pasado mes de agosto se paseaba por Santamaría de Redondo, Luis Domingo Gaya, natural de Soria y, desde hace un año, rector del Monasterio de Santa María de Liébana, lugar de oración y peregrinaje que, curiosamente, se reconstruye a mediados del pasado siglo (1959), alcanzando la fama gracias al fragmento de la Cruz de Cristo que un monje decide traer desde Jerusalén a España.

El propósito de la Asociación de “Amigos del Valle de los Redondos”, es despertar la conciencia de estos pueblos y, en este caso concreto del Monasterio de Viarce (lo que se traduce como Camino del Castillo), ubicado entre “Amargoso” y “Serbales”, promover una exhaustiva investigación que vuelva a poner en pie tan importante legado histórico.

Según la historia que ha llegado hasta nosotros, cien años después de la muerte de San Francisco de Asís (1320), se funda el convento del Corpus Christi, conocido más tarde como el convento de Viarce. Su fundación se atribuye al moro Juan Peña que, descontento de su vida, llega a estos valles buscando algo que diera sentido a su existencia. En otros textos se pone en entredicho que fuera Juan su fundador; lo que no cabe duda es que el moro existió, intervino en su reforma y fue una pieza importante en su mantenimiento.

En la “Aventura Política de Matías Barrio y Mier”, un ensayo sobre nuestro ilustre paisano de Verdeña (en manos ahora de quienes parecen decididos a editarlo de cara al centenario de su muerte) hago un extenso recorrido por una de las leyendas con la que Matías da testimonio de estos lugares y sus gentes. Allí habla de cómo se le aparece la Virgen a este moro y le manda en penitencia que peregrine a Roma. Juan Peña toma el camino de Roma y allí visita las tumbas de San Pedro y San Pablo, los lugares que dan motivo a las leyendas, las catacumbas... En definitiva, allí se convierte al cristianismo, influyendo en la decisión el fraile Alvaro Pelayo, confesor del Papa Juan XXII que le anima a fundar en Viarce un Convento. El moro toma el hábito franciscano, orden religiosa que surge al norte de Italia y que se extenderá rápidamente por Europa: alojados en casas sencillas o en conventos pequeños, con unas normas que les permitirán moverse por las cercanías, predicar, hacer misiones populares. En el citado convento vivieron seis u ocho frailes y hoy todavía puede verse la distribución: el altar mirando al este, por donde sale el sol; un pequeño claustro y las celdas. Sus moradores entregados a la oración, sin descuidar la visita a los pueblos del contorno, el cultivo de la huerta alrededor del monasterio, ayudando en los oficios a los sacerdotes de las parroquias vecinas, hasta que en 1836, son expulsados por la famosa ley de Mendizábal.

El último fraile se hizo sacerdote, vivió en Santa María y la imagen pasó a la iglesia de este pueblo.
Se sabe que un antepasado, Arnao de Velasco, emparentado con los Condes de Siruela o Condestables de Castilla, legó sus bienes al Convento y aquellos regalaron la talla de la Virgen que ahora se exhibe en la Iglesia de Santamaría (aunque no es la verdadera, y esta explicación desbordaría el espacio de que disponemos). Pedro Fernández de Velasco y doña Mencía no tenían hijos, pero eran muy devotos y amigos de los frailes. La historia más probable es que fuera un regalo de ellos. Fue importante la imagen y la devoción que suscitó la misma en todo el Valle, lo que viene a invitarnos a cuidar nuestra historia, tanto como cuidamos nuestra vida.-

De la sección del autor "Impresiones", publicada en Diario Palentino.
Imagen: @Ribero Pintado, por José Luis Estalayo

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9 de octubre de 2004

El Ribero pintado


No he sido capaz de escribir ni una línea. Eran tantos los frentes abiertos, tal era la obsesión por renombrar hechos y sucedidos, que apenas cuatro pasos de bolígrafo se me hacían cuesta arriba. Y hete aquí que, aunque todo parece conocido, aunque todos los rincones te parecen trotados, sabes que siempre hay un sendero que no anduviste, donde al decir de las gentes se halla un tesoro, vestigios de nuestros antepasados que tanto atractivo despiertan en las nuevas generaciones de turistas.


Tan extenso y variado es nuestro Parque Natural que incluso quienes viven en él parecen sorprendidos y asustados cuando los que llegan de fuera, les alertan de las riquezas que se esconden “tras os montes y valles”.

Y uno todavía se sorprende a los 46 años cuando llega a su tierra, descuelga el jamón y la bota, prepara la tortilla, mete en la mochila unas botellas de agua y se va monte arriba a descubrir un rincón nuevo. Ya lo ven, ventitantos años hablando de la montaña, llamando a su conquista, pidiendo a las autoridades que se muevan para promocionarla, y vamos a toparnos con un rincón de ensueño en el profundo valle de los Redondos, por encima de “Montebismo”, la última empresa minera de esas latitudes, el último vestigio de una historia que llenó de luces y de sombras esta tierra.

Jesús González, que habita en la casa que fue de los “Grimaldi”, me reprocha cariñosamente este hueco en mi memoria. “Hombre, Lózar, sigo desde hace tiempo tus artículos y me ha extrañado que nunca hicieras referencia al Ribero Pintado”.

Adentrarse en el Valle de los Redondos es una gozada para la vista. Después de atravesar pueblos donde abundan escudos y blasones del siglo XVII, dejando a nuestras espaldas las emblemáticas Peñas del Moro, que dan pie a la leyenda de Viarce, uno se adentra en una tierra virgen, valle agreste donde tanto tiene que decir la botánica, uno de los reductos de mayor valor ecológico de la cornisa cantábrica, al decir de los investigadores y amantes de la naturaleza.

Avanzamos por el camino que enseguida nos muestra la verdadera imagen de Tres Mares. A los pies de la sierra se abre un extenso valle, donde las piedras parecen incrustadas en el césped, en una especie de pequeña maqueta de “Las Tuerces”.

Zurrón al suelo, trago de agua, el olor del chorizo que te anima el estómago, la tortilla que aquí en los campos sabe a gloria bendita, allí nos aposentamos frente a una manada de caballos. De pronto, ante nuestros ojos asombrados, se abre una imagen nueva, en la falda de un monte, como construida a propósito por los antiguos moradores de esta zona, pero capricho al fin de la Naturaleza, impresionantes vetas coloreadas, como si se tratara de mosaicos adheridos con ventosas a la tierra.

A medida que van ganando altura, los colores se mezclan, cuándo anaranjados, cuándo verdosos, de mil colores diferentes. El Ribero Pintado es la parte mágica del valle, a un paso de la sierra. El camino es una constante cascada de sonidos hasta salvar los tres kilómetros que separan ese lugar encantado del pueblo de Santamaría.

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22 de mayo de 2004

Tremaya en la Web de José Luis




Decían que era verdad
pero yo no lo sabía
que para encontrar la paz
hay que estar en La Pernía.





Hagamos punto y aparte. Viajemos a los "campos rotundos", al contorno dominado por otro viejo y desaparecido monasterio, el de Santa María de Viarce, fundado en el siglo XIII, cuya ubicación algunos autores señalan en un cerro y cuyo entorno —al decir de Sebastián Miñano— se asemeja a los Alpes de Italia.

No quiero yo traspasar con mi alabanza y encendido boato ninguna frontera. Esto es como es, con sus cerros, con sus prados, con lugares donde se ocultan importantes vestigios de nuestro pasado, siempre a flor de piel un sentimiento especial que parece bañarnos, como si nos incitara a tomar estos territorios, antaño acotados por el Conde, y vivirlos, y cambiar rotundamente este modo de vida que llevamos, mirando de continuo al precipicio.

Asomados al valle de Redondo, una denominación que se me antoja nueva, pues hasta hace poco tiempo nunca habíamos separado tanto estos núcleos del valle de Pernía, la lectura es sorprendente, como la propia leyenda en que se mece y donde se citan con regusto Las Peñas del moro, bañadas por el Rubiarce y el Pisuerga, que tiene aquí su cetro. La sorpresa no la provoca el viajero, sino el exhuberante paisaje, las majadas donde pastaban en verano los rebaños de merinas...

En este ambiente de verdor y armonía nacieron los hijos de esta tierra, algunos investigados por Laureano Pérez Mier, de cuyos interesantes trabajos guarda una buena muestra este viejo y querido diario.

Antes de entrar en materia o, metidos ya en ella, quiero recordar las alabanzas que los viajeros de otras latitudes le dedican a esta tierra, a través de sendas cartas remitidas a José Luis Estalayo, el nieto de Ninfa, oriundo de Tremaya, y que éste refleja en su página web.

"Soy de Valencia –dice Mónica–. De allí donde ya no existe la naturaleza. En pocas semanas visitaré tu pueblo, dormiremos en la vieja escuela que ahora han convertido en un albergue los del Sindicato. Después de ver tú página, cuento las horas que me separan para llegar al paraíso que describes. Espero que no me defraude, mejor, estoy convencida de que no me defraudará..."

Y para desterrar cualquier duda, busco la impresión de otra mujer, Blanca Dumont que, como la anterior, viene por primera vez influenciada por las palabras y las fotografías que José Luis publica en Internet.

"Llegamos por fin a Tremaya. Las palabras se me quedan cortas. No te puedo expresar lo que sentí en ese lugar donde sólo se ve patente la presencia de Dios. En esa naturaleza tan admirable, solamente podía decir: ¡Señor, Dios nuestro, que admirable es tu nombre en todas estas cosas tan hermosas donde tu poder y grandeza se hacen patentes!. Montañas, verdor, silencio interrumpido por los pájaros y ruidos de cencerras de ganado cercanas, respirar aire puro..."

Ya en la introducción de su página web(*), la tierra se hace más y más deseada desde Méjico. El autor, a quien conocí personalmente en agosto de 2001, recoge la leyenda y la toponimia con un despliegue de mapas, pueblos que forman La Pernía, presidentes actuales de las Juntas Vecinales.

De esta forma sabemos que, en Areños, hay cuatro casas abiertas en invierno, su iglesia está dedicada a San Miguel y en los diplomas de Alfonso VIII (siglo XII), figura como "Arenius", palabra que deriva del latín clásico "arena" o, también, árido, pedregoso, que quiere decir terreno arenoso. Sin embargo, comprobado que allí no existe arena en cantidad significativa, nos inclinamos por un posible origen ibérico: en euskera ar–enea es "finca del valle", lo que coincidiría con otros nombres ibéricos cercanos: Verdeña, Vañes, Vergaño. En último caso en la citada información se apunta la posibilidad de que pudiera hacer referencia a un repoblador llamado "Arenius".

Es curioso la importancia que le damos al conocimiento de la tierra donde nacieron nuestros antepasados, como es el caso de Lorenzo Luengo que nace en Argentina, pero se interesa por su abuelo Mariano Luengo Gonzales, que nació en Areños en la última década del siglo XIX y se trasladó a Argentina en 1907. "Yo busco huellas de mis antepasados españoles a quienes no conozco. Cualquier dato, cualquier referencia, alguna historia, todo me interesa".

¡Estar en La Pernía es vivir! –dice José Luis en un arrebato de pasión que le devora, que yo creo que muy pocos entienden y que, una gran mayoría de los que viven aquí, no lo comparten, en base a ese distanciamiento generacional que se ha ido abriendo con el tiempo. Ahora se impone la rapidez. Queremos ver la foto al instante, no importa la calidad ni el mensaje que encierren.

"Aquí se conserva la naturaleza aun inocente. Tremaya te seducirá, tiene un halo mágico que lo impregna todo y te llevará de lo inquietante a lo maravilloso. Sus contornos son una eterna sinfonía inacabada donde se funden las colinas con el cielo, lo real con lo imaginario, y lo inesperado con lo sutil.”

Esa es la palabra, la visión, el sentimiento que domina la página web de José Luis.

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(*) A fecha de hoy, José Luis ha cedido la página web, a la Asociación Amigos del Valle de los Redondos


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15 de mayo de 2004

Redondo en los ojos de Isabel Pesado



Con el título "Semblanzas y Poesía: México y Palencia a través de la familia Mier y Pesado", el miembro de la Tello Téllez Manuel Revuelta González abrió el curso académico 2000/2001. Isabel Pesado estaba casada con Antonio de Mier, y ya en 1957, el canónigo Laureano Pérez Mier, tío carnal de José María Pérez, "Peridis", publica en el "Diario Palentino" el expediente de filiación e hidalguía, donde se descubre la semblanza de Gregorio de Mier y Terán, nacido en San Juan de Redondo, que emigró a Méjico.


Una de sus nietas, Luisa de Mier, se casa con el Príncipe Magencio de Polignac, de Mónaco (luego tomarán el apellido Grimaldi) y su nieto, Ignacio, con la hija del Presidente Mejicano Porfirio Diaz.

Quienes se han adentrado en la vida de estos ilustres paisanos y, más concretamente, en el caso de Laureano, se documenta en los libros parroquiales de San Juan y Santa María de Redondo, en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid; en el protocolo notarial de Cervera de Pisuerga, que pasará posteriormente a conservarse en el Archivo Histórico Provincial de Palencia y, finalmente, en el interesante libro "Apuntes de viaje: De México a Europa", que en su opinión merece ser inscrito entre los raros bibliográficos".

Los padres del financiero fallecieron en San Juan de Redondo en 1809, cuando Gregorio contaba 12 años y su hermano José, el primogénito, de 25, figura como regidor en el padrón del mismo año y en 1820 aparece como Alcalde constitucional de Redondo en la escritura de "recorrido de la mojonera", tradición que se verifica cada nueve años entre Redondo y Brañosera.

1904 fue un año venturoso para los pueblos de Redondo y Piedrasluengas, gracias a la generosidad de Antonio de Mier y Terán (tal vez más, incluso, a la generosidad de su esposa), hijo y sucesor de don Gregorio, casado con Isabel Pesado, la autora de ese interesantísimo viaje en la que ahora voy a fijar mis comentarios. Lo cierto es que Antonio repartió entonces medio millón de pesetas (4000 pesetas por casa) –que alcanzó por igual y sin excepción– a todos los cabezas de familia de los pueblos expresados y que sirvió, en aquella época en que casi todo se contaba por reales, para paliar la escasez de muchos hogares.

Isabel Pesado era prima política de Matías Barrio y Mier. Metido en un pequeño ensayo sobre la trayectoria política de mi ilustre paisano, don Matías, y recabando datos en el arzobispado de Toledo, donde el político anduvo al cuidado de su tío Celestino de Mier, dean de la catedral, con resultados infructuosos, vine a toparme con datos importantes de su vida privada en las reflexiones de su prima política Isabel Pesado, que relata su viaje desde Camesa, donde acude Matías a recibirlos, hasta Redondo. El viaje lo realizan en carreta con toldo y colchón, tirada por los los bueyes gemelos Cástor y Pólux. Se apeó Isabel cerca de Tremaya, donde contemplaría el mundo maravilloso que el franciscano José Luis Estalayo describe en Internet y al que hacía referencia en mi anterior artículo.

En el ensayo del académico Manuel Revuelta, aparece la figura de Isabel, de paso y reflexión por el pueblo de los antepasados de su esposo, tomando un baño de mañana en el Pisuerga y cenando truchas pescadas en el mismo río (quién las pillara hoy), conversando o jugando a las cartas con los vecinos, visitando los pueblos cercanos y, al fin, después de dos meses de estancia, despidiéndose de aquella tierra el día 27 de agosto.

La historia está llena de curiosos caprichos, como el que le toca en suerte a estos viajeros generosos. Cuando el 29 de agosto de 1870, después de haberse detenido dos días en Verdeña, llegan a Aguilar de Campoo y presencian la expulsión de las Clarisas, en aplicación del decreto anticlerical que se había dado durante la revolución de 1868.

La mujer ve con pena –y así lo cuenta en su diario– la situación de la montaña palentina. Este canto, como ven mis queridos lectores y, sobre todo, algunos que remiten sus comentarios a la redacción de este diario, es un canto que se repite generación tras generación, lo que parece condenarnos a una reclamación eterna, a un lamento que no obtendrá justa respuesta.

Aunque algo ha cambiado desde que la Pesado describe el campo de esta comarca, con multitud de valles y colinas, con sus rústicos pueblos recostados a las faldas de los montes.

Algo ha cambiado desde que Isabel fue de excursión a caballo al pueblo de Los Llazos o a Castro Pintado, donde describe la explanada tapizada de fresco césped, o el cerro formado de piedras de jaspe de diversos colores como "obra del artífice divino".¿Desde cuándo hablamos de la emigración?, porque al decir de quienes recogieron las impresiones de los mejicanos con sangre nuestra, encuentran en el Condado de Pernía una sociedad muy tradicional, con una población diezmada por la emigración de los más capaces.¿Quién no se ha visto sorprendido por el trababajo de las mujeres?.

A Isabel le admiraba: "para un hombre que trabaja, se ven seis mujeres, sin que por esto abandonen los quehaceres domésticos, ni sus deberes de madres y esposas".

Algo ha cambiado en los inviernos, cuando la nieve se colaba por las cerraduras.Pero, con qué agrado se sumerge uno en sus pensamientos, cuando las mujeres gastaban falda corta oscura, que los domingos era verde o roja, corpiño, delantal y pañuelo y, cuando los hombres lucían sombrero de felpa.

Qué nobles sentimientos nos provoca el recuerdo de aquellos que, a pesar de vivir con tantas privaciones, nos legaron virgen esta tierra, limpios los ríos, intactas las tradiciones. Es por eso que quiero sumarme a la llamada del académico Manuel Revuelta que, entiende como un deber de gratitud recuperar la memoria histórica de estos ilustres viajeros, que conservaron desde la lejanía el amor a la tierra de sus antepasados.-


Para saber más: "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", de Froilán de Lózar. Editorial Aruz, segunda edición, Julio de 2009

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9 de mayo de 2004

Viaje al valle de Redondo

Metido en este rosario de recuerdos, viajamos estos días por el valle de los Redondos. Sé lo difícil que es volver hacia atrás en el tiempo y colocar en su justo término cada una de las escenas vividas: las gentes, las costumbres, los modos y maneras. Son mensajes esculpidos en las piedras, son vidas apuradas al máximo, historias descarnadas, calamidades que no faltan, olvidos que te obligan a aguzar el ingenio, a sacar a flote tus recetas para matar el tiempo.


Cuentan que, el escritor gallego Ramón María del Valle Inclán, el autor de “Tirano Banderas” y “Luces de Bohemia”, acudía a una tertulia frecuentada por médicos. Uno de ellos, que había pasado ya la barrera de los sesenta, se quejaba de lo baldío de la vida, de la falta de interés por las cosas que sienten los viejos. Para el acomplejado doctor no había manera de encontrar interés en algo para matar el tiempo”. “¡Matar el tiempo, matar el tiempo! —le espetó el escritor gallego, cansado de oir tanto lamento— ¿Y de eso se queja usted, que es médico? ¡Pues recétele algo, hombre, recétele algo!.”

En los próximos artículos recojo la voz y la nostalgia de las gentes de este valle que emigraron, como la de José Luis Estalayo que utiliza las nuevas tecnologías para recrearse y recrearnos. Este franciscano es incansable: indaga, aprovecha los viajes a su tierra, a la tierra de sus antepasados para llevarse un importante documento.

Tal es la obsesión que le domina, que elabora un aluvión de preguntas para remitírselas a Luis Guzmán Rubio, maestro de Tremaya en 1945, que aprende más que enseña en aquellos lugares. Luis, influenciado por la tarea de su padre, recoge escenas frescas, costumbres hoy perdidas, documentos gráficos donde se contempla en un rústico estilo el nacimiento de la danza en la montaña palentina.

Como intervengo de correo, abuso de la amistad que Luis y Cristina me dispensan cada vez que bajo a Palencia. No quiero perderme nada. Además de una extensa carta donde responde con creces a las expectativas de su paisano, que implora desde México una señal perniana, Luis le remite copias digitales de dos fotografías. En una de ellas, tomada al anochecer, aparecen los mozos y mozas de Tremaya y, en la otra, el grupo de Danzas de Areños, que causó revelación en aquellos tiempos. Para la vestimenta utilizan manteos, escarpines, albarcas y pañoleta. Bailan al ritmo del tambor y la pandereta con la melodía del canto de mozos y mozas, a ritmos de 3/4 , 6/8 ternarios y también binarios.

Al bombardeo de preguntas, como niño que busca, Luis se entrega y devora capítulos, como quien los revive: las rogativas, los zamarrones, el ollón, las meriendas sufragadas con el dinero obtenido de las peticiones en las bodas, la enramada y los juegos de “el pite”, “la zapatilla” y “la vigarda”.

“Todo me parece poco –escribe Luis– para mandar a quien desde muy lejos añora la bendita tierra”.

Cuando yo contaba veinte años, viajaba por todos estos pueblos y, en Tremaya, visitaba a Ninfa, la abuela de José Luis y a Lorenza, que hacía bailar la pandereta, pero deseo que entiendan que lo que yo cuento aquí es una mínima parte de la historia que corre por las venas del hijo de tan ilustre maestro: cada una de las personas que emigró en aquellos años, cuando todavía la montaña estaba llena de gente. Recuerda a Eduardo de la Hera, doctor en teología, colaborador de esta casa; Angeles Francisco Buedo, hermana del Sagrado Corazón de Jesús; Blanca, hermana de la anterior, que falleció de misionera en Chile; su hermana Gloria, que anduvo por los mismos caminos hasta recalar en Barcelona. Julián Párbole, dos de sus propios hijos y tantos otros que hicieron posible su impregnación total de aquella tierra.

Nuestra pasión no es absorbente, más bien es envolvente. Se trata de transmitir emociones y recuerdos de historias que marcaron un momento de nuestras vidas, de la vida de los nuestros. Y queremos transmitírselas al mundo, que no se pierda su mensaje, que no se diluya entre la niebla esa especie de magia que envuelve estos lugares.

Es comprensible también que estas gentes tengan miedo a una masificación del turismo que rompa y rasgue ese halo fugaz al que todavía se agarran con fuerza, pero la tierra queda siempre y es importante que quienes sientan algo de algo por ella, la valoren y muestren su riqueza, que es otra manera de compensar las pérdidas.

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29 de marzo de 2004

Amigos del Valle de los Redondos



La inquietud es la que pone luz y sentimiento a quienes se denominan "Los Amigos del Valle de Redondo", Asociación que nace como entidad en Mayo de 2002 y que viene con la intención de promover el tremendo potencial endógeno del valle de Redondo.

Mari Carmen de Mier, que reside en Bilbao y pone voz y participación también en la de "Fuente Cobre" —para conjugar así pasado y futuro de estas tierras— es consciente del interés que siempre ha despertado este lugar en los viajeros.

Matías Barrio y Mier y la leyenda que da razón de estos lugares, describiendo su forma de vida y el milagro de su Patrona, la Virgen de Viarce; Gonzalo Alcalde Crespo, que destaca en varios libros la riqueza etnográfica e histórica de los Redondos; Laureano Pérez de Mier, que escarba en al árbol genealógico promovido en el año 1817 por José de Mier Alonso y José de Mier Torices, vecinos de Santa María, hallando que tanto los litigantes como todos sus ascendientes por ambas líneas figuran en los padrones de distinción de estados como pertenecientes al Estado Noble de Hijosdalgo, así hasta llegar a la figura de Antonio de Mier y Mier, nacido en 1754, que contrae matrimonio con Antonia Alonso de Terán, natural de Piedrasluengas, de cuya unión nacerán doce hijos entre los que se encuentra Gregorio de Mier, que emigrará a Méjico y emparentará después con los Grimaldi de Mónaco, como ya mencionábamos semanas atrás en el artículo "Redondo en los ojos de Isabel Pesado".

En las primeras referencias de documentos escritos sobre la montaña palentina, figuran entre otros Arbejal y Cervera (818); Bañes, hoy Vañes (1001); Rotundo, después Redondo (1095), Pernía (1033), Valle de Redondo (6 de diciembre de 1251), San Salvador de Campo de Muga (29 de Agosto de 1186) Polentinos (9 de Agosto de 1001),

Areños (1180), Celada de Roblecedo (1135), Concejo de Redondo (30 de Junio de 1251), Estalaya (1215), Herreruela (Septiembre de 1192), Los Llazos (20 de Junio de 1251), Piedrasluengas (16 de enero de 1302), Piedras Negras (916), Rabanal de los Caballeros (1218), Roscales (3 de Mayo de 1308), San Felices de Castillería (21 de Julio de 1187), San Martín de los Herreros (15 de septiembre de 1508), Santa María de Lebanza (932) y Redondo, cuyo nombre aparece así escrito por primera vez en el Cartulario de Liébana en el año 1204, cumpliéndose ahora –según la referencia histórica– los 800 años de su existencia.

Por este motivo la Asociación está pensando ya en las jornadas de Agosto, donde se espera la presencia de Vicente Basterra Adán, oriundo y gran estudioso de los aspectos histórico y arqueológico de la zona. Fruto de sus investigaciones es la publicación acerca de la existencia y ubicación del pueblo de Santa María de Redondo, recogido en la revista número 74 de la Institución Tello Téllez de Meneses. Vicente hablará allí de "La Fundación de Redondo hasta el siglo XV-XVI" y "Fases de construcción de las iglesias del valle".

Asímismo, para las citadas jornadas se espera la presencia de José María Alonso del Val, un historiador de la Orden Franciscana y Vicepresidente del Centro de Estudios Montañeses (entidad cultural asesora y dependiente de la diputación y del gobierno autónomo de Cantabria) que hablará de "los orígenes del Convento del Corpus Christi de Viarce".

Para Mari Carmen que, –a raiz de mi viaje al citado valle– me hace llegar una extensa y sugestiva historia, donde la Asociación habla de sus proyectos, "el folklore es el apartado más apasionante de nuestro patrimonio cultural", pueblos a punto de extinguirse con clara inquietud por el conocimiento que se funde con los intentos por combatir el olvido de las instituciones, sentimientos que todos los que se sumaron a esta iniciativa tratan de promover tanto hacia fuera como hacia nosotros mismos.

En el plano urbanístico este grupo pretende impulsar la recuperación de edificios tradicionales que, en un pasado no lejano, ocuparon un lugar importante en el devenir de nuestros pueblos: fraguas, potros, lavaderos y básculas...

En el aspecto histórico y arqueológico la Asociación está realizando una serie de estudios sobre el desaparecido Convento de Viarce, los orígenes de la iglesia de Santa María de Redondo y la existencia y ubicación de San Martín. También se encarga de la transcripción de documentos que, para su mejor conservación, el alcalde mayor del Valle, Mariano de Mier, depositó muy acertadamente en el Archivo Provincial, donde se hace mención entre otros a mojones y apeos del valle con sus pueblos limítrofes:

Apeos de Redondo con Celada de Roblecedo (Años 1610 y 1657), Apeos de Redondo con Camasobres (Año 1573), Apeos del valle de Redondo con Brañosera (1590), Escrituras de Convenio y Concierto entre los Concejos del Valle de Redondo, Brañosera, Celada, Salcedillo y Herreruela sobre la fabricación de muelas de molino, su calidad y tamaño (Año 1706) y su ratificación (Año 1744).

A punto de cerrar este estudio, el bufete de Mier Abogados me remite desde Barcelona un importante documento: "Cambio de Capitalidad y de nombre de Ayuntamiento de Redondo"del Académico Luis Redonet, separata que consta de siete páginas y que aparece publicado en el Boletín de la Real Academia de la Historia en el verano de 1952.

Pero eso lo trataremos otro día.

"El universo está donde tú estás" -dice un proverbio árabe-.
Y, verdaderamente, la montaña palentina es un universo que podría desbordar al artista más grande.-


De la sección "Impresiones", de Froilán de Lózar, publicado en Diario Palentino.
Imagen: José Luis Estalayo



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2 de marzo de 1996

La Venta Campa

De todos los rincones pueden contarse historias que con el paso de los años nos vienen a la mente, como néctar caprichoso que nos renueva el aire. Aquí, en esta parada, vivió Prudencio González, hermano de Pepe "el de la Fábrica", al que apodaban "Campa", de donde parece lógico pensar que procede el nombre de la Venta. Mi tatarabuelo, Apolinar Fernández de Lózar, lo tuvo arrendado en el siglo pasado y ya daba comidas y vendía ultramarinos.



Otro pariente, Apolinar, ya casi centenario, vivió en esta casa a primeros de siglo al refugio de su abuelo y recuerda con gracia, no exenta de orgullo, cuando llegaron a buscarle para darle unas "castañas" por haberle pisoteado la huerta a la familia Gómez. Esta anécdota, contada por un hombre que tantos caminos anduvo, de lado a lado de la montaña, primero en Pernía, después en Alba de los Cardaños, para terminar asentándose definitivamente cerca de Valderredible, en Quintanilla de las Torres, le da vida y prestigio a una Venta, a la que hace muy pocos meses Vega Antuña se atrevía a comparar con el "Chicote" de Madrid.

Hay una historia interna, actual, que todos hemos vivido con una sorprendente calma. Hace años, Carlos se sometió a un trasplante dé corazón en Valdecilla y ahora mismo le da otro aire a la casa, siempre con la consiguiente cautela, pero sin dejar el oficio al que le recuerdo entregado cuando yo apenas despuntaba. En ese mismo marco se me aparece Luis, agarrado a su cachaba, observando el trasiego del establecimiento; también Dámaso y, a su lado y en su entorno, médicos, boticarios, secretarios y maestros."

Venta Campa era el lugar de encuentro y pese a la proliferación en los alrededores de restaurantes y tabernas, sigue respirándo ese poso de tipismo que le hace único. Por allí pasaron el maestro Tejerina, allí le despidieron al segoviano Angel Arribas, y en aquel mismo circulo se movieron el veterinario Victor Pérez, el secretario Luis Gallardo, el cura Angel Rubin y algunos otros, representantes de una época anterior a la nuestra, pero quizá cuando más se notaba el cargo en un pueblo pequeño como éste.

Por aquí pasó y aquí comería un buen plato de legumbre -me imagino- el actual defensor del Pueblo, Fernando Alvarez de Miranda. Martín Villa fue más espléndido e hizo una donación para restaurar la Colegiata. Los presidentes de la Diputación, Jesús Mañueco, Emilio Polo y Casas Carnicero, el presidente del Partido Popular, José Mª Aznar; los tres jinetes del Carrión, que realizaban una incursión por estas latitudes buscando un suculento reportaje.

Un lector que me sigue semanalmente a través de este periódico desde algún punto de Valladolid, me hace la siguiente precisión cuando le confieso que voy a publicar un articulo sobre la Venta Campa: "San Salvador y la Venta Campa van tan ligados, que no se comprende uno sin otro". .

Francisco Merino Bravo, escritor costumbrista de Barruelo, que llenaba su "fadrique" en la Venta de Nico, anota en un pasaje de su libro "Sobre fondo blanco y verde": "En San Salvador bajamos del autobús, que paró frente a la "Campa".

Fueron sus continuadores, Francisco Pérez y Manuela, parientes de quienes ahora mismo la administran. Esta Venta que, junto a la de Camasobres, Areños, Santa Lucía de Vañes y Morena, servía de refugio y despensa a carreteros y caminantes, es hoy una prueba de constancia y tenacidad. Y sirve siempre como guía y referencia a todo visitante.

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21 de abril de 1995

Garabandal

Tenía previsto acudir a la cita que aquel Jueves Santo había concertado mentalmente- se entiende- con "Conchita", la vidente que anunciaba un milagro. Pero San Salvador fue un hervidero de coches y autobuses durante todo el día.



La mayor parte de ellos dirigiéndose hacia el cruce que nos lleva a Puentenansa, para llegar a San Sebastián de Garabandal, situado a muy pocos kilómetros de Piedrasluengas, en la comarca cántabra de "Rionansa".

Lo que alli sucedió es lo que ya todos o casi todos imaginábamos: el negocio floreciente de los propietarios de las fincas que se encuentran en las inmediaciones: 500 ptas. por vehículo: 200 ptas. más por persona por acercarles en autobús hasta el lugar donde se pretendía el milagro: cuadras habilitadas como tiendas de refrescos, soportales llenos de vendedores ambulantes ofreciendo lo típicos rosarios, escapularios, camisetas, fotos de las videntes y palomas mensajeras.

10.000 personas preguntando por Conchita, llevando hacia el árbol cirios rojos, pañuelos y fotografías de los niños enfermos, víctimas todos de un montaje más, un año más, una vez más de tantas...

Los cronistas y enviados especiales aseguran que llegó gente de los cinco continentes y que agotaron las horas de un día desapacible esperando una señal, confundidos ante el desmayo de una mujer valenciana, hecho que hizo correr la voz por todo el campo de que "la Santísima le había dicho que seamos buenos y que seamos obedientes con los curas".

El suceso se remonta al 18 de octubre de 1961, cuando cuatro niños del pueblo de San Sebastián de Garabandal, situado a los pies de "Peñasagra", en un rincón del valle del Nansa, recibieron el "supuesto" mensaje de la Virgen: "Hay que hacer muchos sacrificios y mucha penitencia, y tenemos que visitar mucho al Santísimo. Pero antes tenemos que ser muy buenos y si no lo hacemos vendrá un castigo. Ya se está llenando la copa y si no cambiamos, vendrá un castigo"... ¿estamos siendo víctimas ya de ese anunciado castigo?: Guerras, miserias, muertes absurdas por doquier, atentados terroristas ...

Por eso, tal vez, buscamos un milagro. Seguimos tan incrédulos que nada ni nadie podrá calmarnos, salvo una Virgen blanca que todavía con el corazón blando nos siga dando tiempo para cambiar: aunque seamos conscientes de que esa copa hace mucho tiempo que está tirando liquido.

Imagen: Picos de Europa desde Piedrasluengas


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26 de noviembre de 1992

San Andrés: Arte y silencio

Un poco más allá de Prádanos de Ojeda, en un remanso del camino que conduce hacia la localidad de Alar del Rey, se encuentra San Andrés de Arroyo. Dice el periodista Fernando Gallardo que el claustro del siglo XI, por el que sentía gran aprecio Manuel Azaña, es un remanso de silencio. 




Las monjitas me reciben el día de la boda de mi hermana, cinco de ellas hermanas a su vez de su suegra, y una, Delia, la priora, tía de Pili Cajigal, la de San Salvador. Casualidades que, quien escribe de cuestiones, a veces emponzoñadas de política, venga a caer en este remanso, orilla de montaña, donde se labra bamba y socorrito.

Y es cierto. Allí el silencio impone más que el arte. Los arcos, las columnas, los grabados en las piedras, todo es admirable, pero la fuente del patio entona los maitines con destreza, sin pausa, haciendo que el silencio que se imponen estas madres bernardas no sea tal que hasta las fuentes enmudezcan.

Me conducen por un largo pasillo hacia la sala de visitas. No pregunto. Observo a las monjas que me observan, que indagan con suma delicadeza sobre nuestras vidas. En el monasterio de San Andrés de Arroyo, no hay penas y, si las hay, procuran encubrirlas para que no se noten y el cierzo las derrita.

Una imagen de conformidad que dista mucho de esa otra que en la capital vive un señor, o dos señores, todavía no se sabe, a los que les han tocado 400 millones, o la que en Herrera de Pisuerga se ha desatado con la fuga del alcalde Rivero. ¿Será verdad que hay tanta mafia en el entorno?

Como para la muerte no se necesitan alforjas y la vida es un camino que pasa veloz, comprendo hasta cierto punto la felicidad en la que viven las monjitas.

Con esta escapada hacia el llano me aíslo y me repongo como ellas de tanta corruptela, de tanta malversación y marea negra como brota a diario.

Estaban todas. Todas salieron a recibirnos y para todos hubo palabras dulces, tan dulces como los frutos de su obrada.

San Andrés de Arroyo no es sólo un claustro donde el arte se imponga a quienes con devoción lo enseñan y lo guardan. Es, principalmente, un rincón de provincia donde vive y trabaja con una ilusión propia de los niños, una comunidad cristiana.


©Froilán De Lózar para "El Norte de Castilla"

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25 de junio de 1991

El Aguilar de Blanco

El recuerdo, en el que a menudo recaemos, nos devuelve la imagen de un Aguilar de lujo: Antonio, cronista que se nos fuera hace unos años.

"De los que Aguilar dejaron,
oliendo a galleta y brezo,
a tahona y a panera,
y de los que nunca han vuelto,
la Virgen del Llano lleva,
sus nombres en un cuaderno.







Aguilar ha cambiado mucho desde entonces, indudablemente. No es tiempo de labranza y "capacheras", aunque el Pisuerga siga con su misma canción por el mismo cauce.

Blanco era un buen cronista de costumbres, y un poeta, y un hombre sin curriculum. "Amigo Froilán -me dice en su última carta, respecto a mi curriculum, perdona, pero no sé sí tengo alguno. Esto sí lo sé: que quiero mucho, mucho, a Aguilar y toda esa comarca, y que, además, soy correspondido".


Suerte la suya, porque muy pocos son tenidos en cuenta, como se merecen, en honor a su esfuerzo, su dedicación, a su canto sincero a lo que aman.

"Con tus aguas, Pisuerga, fui cristiano,
contigo fui feliz y no lo olvido.
¡Cuánto mundo a tu lado he recorrido!
¡Ay no me dejes nunca de tu mano".


Antonio Rojo escribe de la mina, de la historia de los pequeños pueblos, pero rememora con singular estilo el ayer, los apodos, las anécdotas. De vez en cuando se hace preguntas llenas de contenido, de esos interrogantes que a nuestro modo nos hacemos el resto: "¿Por qué estarán tan juntas la ternura y la muerte, Señor? ¿Por qué tan cerca?".

"Quedaros cerveranos con lo vuestro,
a mordiscos, a patadas, con cadenas..."
"Que paguen caro el lujo de tu raza.
Cobrará bien el lujo de esta tierra. 


¡Cómo sube la sangre a mi palabra
al hablar de Aguilar o de Cervera!".



En Bilbao, en el estudio fotográfico donde ahora elaboro estas líneas para el diario, en la entrada, luce un cuadro de Aguilar de Campoo, donde Simal, artista de prestigio, ha dibujado con estilo y ha descubierto con generosidad, en un mínimo espacio, la señorial villa que hoy ocupa este artículo.

Aguílar es la puerta. Entrando por ella se acabaron las prisas, llega el aire de siempre impregnado a galleta, se acerca la montaña, y todo vuelve a ser como Rojo describió hace doce años, porque en el fondo queda aquella esencia, aquel recuerdo, y nos viene a intervalos un trozo de tiempo donde aprendimos a valorar lo que hoy se ha transformado, lo que hoy se ha engrandecido.


"Viene la gente a la feria
con carros llenos de vida.
Son paisanos y parientes
que no saben de provincias,
mas saben perfectamente
a lo que sabe Castilla".


Antonio, que traduce su veneración en sinfonía poética, no se detiene en Aguilar, al igual que yo tampoco me detengo en la Montaña, procurando siempre abrir alguna lanza en otros puntos de nuestra bella tierra. Su madre nació en Valdeolea, donde se mira el Pico de Tres Mares; de ahí, tal vez, sus frecuentes citas a pueblos y rutas que viven entre Palencia y Cantabria.

Pocas veces se cita en las crónicas el embalse de Aguilar, que desempeña su papel turístico en la época estival, lo mismo que el de Ruesga. Dice Antonio, que este embalse se cargó las rogativas, entre muchas cosas. Cita constante la de hoy, a la cita de Antonio, porque, de alguna manera, contamos las historias que nos cuentan, todo ello mezclado con arte, gastronomía y tranquilidad; sobre todo, insisto, lo último que tanto necesitamos hoy.

Pero Antonio se ha ido. Y queda su esencia:

un carro olvidado,
astillas de aperos,
un dalle, un arado...
Con un libro viejo,
sin fechas ni prisas,
con sabor de añejo.


Antonio se ha marchado, y hoy, unos años más tarde, volvemos a encontrarlo en alguna revista, entre alguna página de periódico, entre un montón de viejos libros, hablando de Aguilar con el mismo acento, de la Virgen del Llano, de las casonas, de la bendición de los campos y la Feria de Mercadillo; de los pueblos de Palencia y de Santa Cecilia.

Aguilar sigue fortaleciéndose, sin perder la imagen que para Antonio Blanco tuvo, entre la piedra, el bodegón y la historia. Y Aguilar renace en nuevas formas desde las piedras viejas del Monasterio de Santa María la Real.

Nada sé acerca de su vida. Fue un contacto de última hora, casual, a través de una revista literaria, y lo poco que ahora cuento de lo que él contaba, no llega para hacerle justicia.

Te escribo ahora, seguro que me lees de algún modo, desde algún lugar, que tu Aguilar sigue fortaleciéndose, sin perder la imagen que para ti tuvo, de Piedra, de Bodegón, de Historia. Por tí, Antonio, habla el sauce, y pregunta el Molino, y la Cascajera, y el balcón mordido. Cuando no vuelvas a Aguilar, muchos recordarán tu nombre, rumiando ilusiones y viejos afanes de idas ocasiones.. 

En la imagen superior, el autor visto por "Peridis".

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Orígenes Montaña Palentina

El autor

Froilán de Lózar. Publicista-Escritor.

Premio de periodismo Ciudad de Palencia; II Premio Internacional de Poesía "Diego de Losada" (Zamora); Premio Nacional de Novela Corta "La Tribuna de Castilla (Valladolid); Finalista Premio de Novela Bubok-Lengua de Trapo, 2016.

La más bella canción: los libros

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