CERVERA, POLENTINOS, PERNÍA Y CASTILLERÍA, Froilán de Lózar (3ª Edición)

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22 de julio de 2016

La canción más hermosa: el libro


Aunque se vive una historia paralela, la del diario cada domingo, y aunque en el diario se trabaja con mucho mimo, el libro es el hijo verdadero donde se han cuidado los más pequeños detalles.

Es un hijo de mucha gente que fue tomando notas sobre su historia, sobre su situación, sobre su estado.

Pueblos vivos que mueren. Pueblos muertos que viven en la memoria de la gente. Gente que vuelve preguntando por ellos, sus ojos como goznes que chirrían al albrirse en el umbral de un tiempo ya caduco.

El viajero que llega hasta estos rincones de silencio, no entiende los lamentos, ante esta sinfonía de la naturaleza donde todo huele y sabe a vida, a vida de verdad, a vida auténtica.


Por fin
¡Mi tierra hecha canción!
Montaña Palentina
... La más bella canción...


Pueblos-Lugares-Turismo
-Historia-Arte

Un libro que en pocas palabras
te contará todo lo que debes saber
para conocer esta tierra mágica.

Froilán de Lózar-Editorial Aruz, 
Junio de 2016



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22 de noviembre de 2013

Rutas de la montaña (IV)



2. Cumbres del Circo de Cardaño

Como la primera de las rutas que nos propone Javier, y que comentábamos en la entrada anterior, el punto de partida es Cardaño de Arriba, a donde se puede llegar desde Velilla o desde Cervera de Pisuerga.

En el mismo cordal que la anterior, se trata de un recorrido pleno de Alta Montaña, desde donde disfrutaremos durante todo el recorrido de un paisaje privilegiado: la montaña palentina en su totalidad, los tres macizos de los Picos de Europa y buena parte de la montaña leonesa.

En poco mas de una hora estatemos en Sel de las Lomas, lugar donde confluyen gran cantidad de arroyos.

Este paseo por algunas de nuestras rutas nos va a servir para conocer o, en su caso, recordar muchos de los accidentes con los que nos encontraremos, por ejemplo, las estribaciones del Alto del Navarro (1921 m) o el Alto de Calderón (2269 m).

Arroyos como el Valcabe y Hontanillas que van quedando a la izquierda del camino que ascendemos.

Con las Agujas de Cardaño al frente, llegaremos al Lago de Las Lomas, que dan nacimiento al río del mismo nombre.

Después de las indicaciones pertinentes, el autor se relaja y escribe; "Ahora sí que tocamos con las manos las Agujas de Cardaño, el Pico de las Tres Provincias o el Pico de Peña Prieta. Hacia el N los Picos de Europa, al SE el Curavacas, al S los Picos Espigüete y Murcia, y al S también, Cardaño, de donde partimos y hacia donde regresamos llenos de ese fenómeno que aliente en el pecho de los buenos montañeros.

Tiempo estimado: 7h 30m
Dificultad media con precaución en invierno.

Para la sección "La Madeja", en "Diario Palentino" y Globedia.

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15 de noviembre de 2013

Rutas de montaña (III)



Hace unos días, al subir a la página de "la montaña palentina, la gran desconocida", una de las imágenes con las que nos deleitan semanalmente alguno de mis buenos amigos y colaboradores, uno de los seguidores protestaba, con buena lógica... porque siempre nos deteníamos en zonas de la "Pernía" o "Castillería", cosa que tiene su explicación al ser originarios de aquel lugar algunos de los administradores y colaboradores de la misma.

Esta discusión ya la tuvimos en un pasado reciente y sigue coleando, ahí queda para curiosos en las hemerotecas y lo recordaré estos días en el blog de "Orígenes", sino lo he recordado ya, el lance que me remetía desde Guardo el escritor Jaime García Reyero a últimos del pasado siglo. Pero vamos a procurar remediarlo volviendo los ojos hacia esos lugares y caminos de Fuentes Carrionas.

  • 1 Lago de Las Lomas - Pico de las Tres Provincias
Abre Javier esta serie con la ruta que nos conduce al Pico de las Tres Provincias pasando por el Lago de Las Lomas, compendio de todo lo que iremos encontrando en las otras.
Para rizar el rizo, nos aconseja realizar la ruta en invierno, mejor si acompaña la nieve, lo que le dará un realce a la imagen ya de por sí espectacular en cualquier época del año.
Paso a paso Javier nos va abriendo camino, desde Cardaño de Arriba, lugar en donde comienza la primera de las propuestas.
Las cimas que nos rodean serán las grandes protagonistas, como el pico de las Guadañas, pico Cuartas, el Salto del Tío Celestino; con Espigüete y Curavacas, los dos grandes protagonistas sirviéndonos de referencia.

Tiempo estimado
4 horas hasta Las Lomas - 7 horas hasta Tres Provincias
Dificultad baja en la primera parte, un poco más difícil en la segunda, sobre todo si el recorrido se realiza en invierno."

Para la sección "La Madeja", en Diario Palentino y Globedia.

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8 de noviembre de 2013

Rutas por la montaña (II)





Interesante y amena la breve exposición sobre la situación y el origen de la cordillera; el clima húmedo, lo que la incluye en una de las zonas de la península con mayor tejido verde; la flora, donde opina que algunos lugares pueden catalogarse como de "endemismo arbóreo", o refugios microclimáticos... que perviven en la península desde la época de las glaciaciones, poniendo como ejemplo los bosques de pinos de Puebla de Lillo (León) y el nuestro de Velilla del río Carrión.

También dedica un pequeño espacio a la fauna que puebla estos lugares y anota las recomendaciones para adentrarse en estas rutas que aconseja visitar, sobre todo en las estaciones de primavera y otoño.

En cuanto a los valores naturales, se puede decir que vamos a caminar por uno de los territorios mejor conservados de la Cordilleta Cantábrica.
Javier es uno de esos andarines para quienes hasta hace pocos años no se contemplaba la montaña en Palencia. Para él y para la mayoría de la gente, las enseñanzas de geografía sobre nuestra provincia se limitaban a un paisaje concreto con extensas llanuras cerealistas, hasta que subió y se adentró en los frondosos bosques de hayas y robles y atravesó buena cantidad de valles a la vera de lechos de rios recién formados.

Y tan prendado quedó de esta tierra que en cuanto tuvo ocasión se compró una casa para zambullirse en ella en cuerpo y alma y poner de relieve su belleza, y pregonar sus rutas en este pequeña pero sabrosa guía al estilo de otros palentinos amigos que hicieron otro tanto, trasladando sus sensaciones a quienes buscaban caminos tan llenos de todas esas riquezas naturales.

En las próximas entregas les cuento las catorce rutas que propone Javier en este libro, con mapas, horario, dificultad y la mejor forma de llegar a cada sitio.

De la sección "La Madeja", para "Diario Palentino" y "Globedia".

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3 de julio de 2013

Historias que perduran en la memoria colectiva

"La Montaña Palentina cuenta con lugares recónditos difíciles de olvidar por su grandeza paisajística, historias que perduran en la memoria colectiva durante décadas y leyendas que pasan de generación en generación. "

Con la intención de mantener en el recuerdo las tradiciones, la cultura y la naturaleza de esta zona, un grupo de apasionados por la comarca han publicado el número dos de la revista Trébede, una publicación cuatrimestral que ya está a la venta en las librerías de Guardo, Velilla del Río Carrión, Aguilar de Campoo, Cervera de Pisuerga y Barruelo de Santullán a un precio de tres euros.

Para saber más: Diario Palentino" Agosto 2013  Agosto 2013

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25 de julio de 2010

La figura de César González


El autor, firmando ejemplares en la feria de "San Bernardo", el pasado 20 de Agosto de 2010

Con el título: El legado de César González: las primeras imágenes de La Pernía, sale a la luz un nuevo libro de Froilán de Lózar, bajo el sello editorial"Aruz", antes "Cultura y Comunicación", que ha logrado reunir un número importante de títulos e historias relacionadas con la montaña palentina.



Un avance del texto


...Por sus diarios, que escribió aproximadamente entre 1905 y 1925, por las imágenes del estereoscopio que presentamos en este libro, por las cartas… se deduce que era un hombre muy trabajador y con una mentalidad avanzada. Tan pronto se le ve en la puerta de la fábrica, lleno de harina, como paseando elegantemente vestido por Comillas, o entrando al teatro en Santander, o a la ópera en Bilbao.../


César trabajaba en el molino y se ocupaba de toda la familia, hacía planos para agrandar la casa; hacía muebles -tenía un taller de carpintería y ebanistería-; diseñó la transformación del molino en fábrica... En sus diarios cuenta que muele, riega, cava, hace las curas a su madre, que tenía ulceras varicosas en las piernas; baja a Cervera o va a Aguilar a comprar trigo; realiza instalaciones de maquinaria; viaja a Santander y a Bilbao; se escribe con mucha gente; visita a sus hijas internas en el colegio, primero en Santander, después en Valladolid… parece incansable.


En los escritos se queja de las duras condiciones de la vida en aquella época. Los inviernos son durísimos, casi todo el mundo enferma debido al frío y, una gripe o un catarro entonces, sin la medicación y los cuidados de ahora, podía durar semanas o meses… si no te llevaba por delante.../


Otros títulos y trabajos aparecidos en esta misma "colección de historia montaña palentina"
  • Tomo ILa guerrilla antifranquista en Palencia,
    Angel Casas Carnicero y Wifredo Román
  • Periódicos y periodistas de la montaña palentina, Jodé Vidal-Pelaz López
  • La Configuración Urbana de Aguilar de Campoo en la Edad Media, José Luis García Fernández
  • Tomo IILa conquista romana de la montaña palentina, Eduardo Peralta Labrador
  • El adiós del Valle Estrecho a sus viejas tradiciones, Natalia Calle Faulín
  • La Junta Revolucionaria de Cervera de Pisuerga, Alejandro Díez Riol
  • Velilla del Río Carrión y su entorno a mediados del siglo XIII, Angel de Prado
  • Tomo IIIAguilar y la Requejada: los pueblos desaparecidos bajo los pantanos, Marta Redondo Moreno
  • Jesús García Quijano en el sitio de Baler: los últimos de Filipinas, Jesús Valvuena García
  • 50 años de escuela Méndez Parada: el accidente de Fortunato de la Fuente, Miguel González Molina
  • Una protesta medioambiental en el ayuntamiento de Respenda en 1927, Julián Alonso Alonso
  • Historia del ciclismo de la Montaña Palentina, Jaime Andrés Calleja

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30 de julio de 2008

Escenas de la vida rural

José Luis de Mier y José Damián Simal
  • Los habitantes 
Los habitantes eran esencialmente buenos. Estaban metidos en su trajín diario. No tenían más aspiraciones que sobrevivir. No había impulso alguno que les moviera a romper aquel endiablado círculo de trabajo y dificultades. Pocos salieron del pueblo salvo para ir a las ferias a vender una vaca o a Liébana para comprar un cerdo, o a la mili en el Norte de Africa, de donde volvían cargados de piedras de mechero o de plumas estilográficas que tampoco se podían vender. Las habían comprado en Tánger. Conocidas eran las historias que contaban los que habían ido a la mili y que se repetían de boca en boca. Algunos vecinos impulsaron el que sus hijos fueran a Colegios de frailes. Estábamos en los años de la posguerra y con abundantes vocaciones religiosas. La realidad es que la inmensa mayoría respondía al interés en salir del pueblo. Los padres llevaban a sus hijos a los colegios de curas a primeros de octubre. Sólo una minoría aprovecho la oportunidad que le daban los estudios. La mayoría volvieron tras uno o dos años y se establecieron en la mina o se fueron a Alemania. Algunos trataron de hacer fortuna en los pinos. Era ésta, una aventura, la de ir al País Vasco a cortar pinos. Pero el trabajo era muy superior al salario que les daban a cambio. Hubo quien volvió de la ciudad diciendo que había estudiado álgebra. ¿Qué sería eso? Pero a los niños, sólo mencionar la palabra álgebra, nos dejaba extasiados. La mayoría difícilmente sabía leer y escribir correctamente. No conocí analfabetos totales. Otros, muy pocos, eran conscientes de que los hijos debían ser cultos para dejar de una vez por siempre las vacas y sus moñigas. Pero era una minoría. Ya recuerdo de quien aconsejaba que no debían los jóvenes tener muchas ambiciones y les sentenciaba: “He conocido a un hombre que decía que había comido en los mejores hoteles del mundo pero que a veces tenía tanta hambre que las patatas crudas le habían sabido buenas”. El joven se quedaba con la primera parte de la frase. A este personaje no le podían quitar lo que había disfrutado. El tener que comer patatas crudas alguna vez era lo secundario. Llegaron en aquel momento las cotizaciones a la Seguridad Social agraria. Era el año 1954. Alguien dijo que aquello no era obligatorio. Que era como cuando se pagaba a Falange. Que él dejó de pagar y no le pasó nada. No distinguía entre ambos pagos. Tal vez nadie se lo había explicado. Terminó cobrando la pensión porque alguien le convenció que debía pagar los cupones de la Seguridad Social agraria. Rara vez terminaban las diferencias en el juzgado y entre los originarios del pueblo, rarísima vez había agresiones. Los asuntos se resolvían en el Concejo, si eran cuestiones de animales, y sólo si eran de propiedades, en el Juzgado. Eran temas menores, como un deslinde, que el vecino destruía por la noche la pared que otro había levantado por el día, la ocupación con aperos de labranza de un terreno que se pretendía ser propio o las vacas que se habían metido en una tierra o prado, comiéndose parte de la cosecha. No hubo límite en la emigración entre 1950 y 1965. Desaparecieron del pueblo familias enteras, aunque tuvieran hasta seis u ocho miembros. Todos emigraron a los más diversos lugares: Alemania, Argentina, y todo el territorio nacional, en especial Madrid, Valladolid, Bilbao y Barcelona. Allí quedaron las casas que, en su mayoría, terminaron hundiéndose por el abandono o por no dovidirse la herencia y adjudicarse a un hermano en concreto. El tiempo y los arbustos han ido cubriendo las ruínas y sólo el catastro define hoy los lindes de las mismas. También parte de las fincas rústicas han terminado cubiertas de arbustos en los que también el catastro es el único que orienta en cuanto a los límites de propiedades.
El pueblo - El herrero

Apoyado en el quicial de la puerta del molino, he visto pasar la historia de este pueblo durante cincuenta años. Narraré los veinticinco primeros. El molino está en la ribera derecha del río Pisuerga y al otro lado, en una explanada, de las pocas que hay en este terreno montañoso, está el pueblo. El Pisuerga acaba de nacer y este es el primer pueblo por el que atraviesa. El pueblo tenía unas cien casas cuando empiezan mis recuerdos. Ahora difícilmente quedan en pie cuarenta. Ni siquiera la Casa Concejo se ha salvado de la ruína. Continúa la iglesia como único elemento comunitario. Desaparecieron la fragua y el potro de herrar. Era aquella una caseta de no más de cuatro metros de larga por tres de ancha con solo dos aberturas: la puerta y una ventana de no mnás de cuarenta por cincuenta centímetros. Tenía las paredes de piedra, el tejado de madera y teja árabe, la chimenea o chimeneo, al fondo, permitía que el humo saliera hacia el exterior. En este fuego se caldeaban los hierros para doblarlos o trabajarlos. Entrando, a mano derecha, estaba el yunke sobre un gran madero de roble de no menos de sesenta de ancho por setenta centímetros de alto. Poco más se hacía que torcer unos hierros pues tampoco se disponía de elementos que permitieran un gran rendimiento de la lumbre, como así se llamaba. El resto era un espacio libre donde se almacenaban los útiles del herrero que venía de un pueblo cercano a herrar las vacas. Aquí herrero no significaba sólo quien trabajaba el hierro, sino, principalmente, quien herraba las vacas y, contadas veces, las yeguas. Los callos se ponían a las vacas. Las herraduras a los equinos. El herrero, cuando llegaba, tocaba la campana de la iglesia con una peculiar forma que indicaba que había llegado y que trajeran sus animales para herrarlos. También, a veces, tenía un día fijo y se sabía que, salvo que nevara, ese día llegaba el herrero. Especialmente tenía que venir antes de finales de Junio. Había que poner callos a las vacas para que estas pudieran ir a por hierba a la sierra. Los caminos eran malos y pendientes y los carros, algunos denominados “de madera” necesitaban un esfuerzo suplementario de los animales para poder arrastrarlos. No era el peso de la hierba lo más gravoso. Era el propio carro el que tenía tanto peso especial que nunca, en las idas a la sierra, cargaba hierba que pesara más que el propio armazón. Por ello las vacas debían ir bien calzadas. Llevaban normalmente un callo en cada pata delantera y uno en cada pata trasera. El que resistiera, dependía, más que del uso que la vaca hiciera de él, de la pericia del herrero al montarle en sus uñas. Era frecuente encontrar por la montaña los callos que iban perdiendo los animales por los caminos. Nada se desechaba. Se traían a casa y el herrero podía complementarlos o, más a menudo, era un trozo de hierro que se vendía al cacharrero cuando este aparecía por el pueblo. El herrero, terminado su trabajo, volvía a meter en la fragua los utensilios de errar y se iba a otro pueblo a hacer la misma labor. Los utensilios de errar eran una parte de los bienes comunitarios del pueblo, como eran también la romana o el tronzador o el juego de pesas y medidas, que estaban siempre en la casa del presidente del Concejo y que se trasladaba de casa cuando cambiaban al presidente. Estos elementos sirvieron durante siglos a los habitantes del pueblo. Cuando alguien necesitaba pesar un cordero o cortar un roble en el monte, pedía estos instrumentos que devolvía al acabar el trabajo. Las economías no permitían que en cada casa hubiera estos útiles.Los utensilios de herrar también eran las cinchas o correas con las que se colgaba al animal para que este no pudiera moverse cuando se le herraba. Con unos palos de unos cincuenta centímetros de largo, girando un travesaño que se hallaba en la mano derecha del potro, se elevaba el animal. El del lado contrario era fijo. Todos estos enseres se guadaban en la Casa Concejo. El animal quedaba suspendido y la pata que se le iba a herrar se le ataba a los poyos o zapatas que estaban ubicados a cada lado del potro. Para conocer al detalle la distribución del potro, consúltese la obra “La montaña Palentina”, La Pernía, de Gonzalo Alcalde Crespo. Aprovecho aquí para citar a este conocedor y escritor de nuestra tierra. Me impresionaba de niño, no tanto como el herrero cortaba y limpiaba la pezuña del animal y como la rebajaba hasta que el callo podía encajar, como el hecho de que calavara los callos en la uña del animal. Si el clavo entraba por la pezuña, el animal no lo sentía, pero si tocaba la carne al entrar, a cada golpe del herrero, el animal se estremecía y volteaba, haciendo temblar todo el potro. Lo normal era que ante este hecho, el herrero sacara el clavo e hiciera variar la dirección del mismo alejándole de la carne. Nada de todo lo descrito queda en pie.
El potro de madera ha ido cayendo a trozos por el peso de la nieve o ha servido alguna de sus palancas para hacer fuego en algún campamento de verano. El edificio de la fragua, que nada significa para los que han venido de otras tierras, ha servido para extraer las buenas piedras labradas y destinadas a reconstruir sus edificaciones.Si existe el dicho de que “del árbol caído todo el mundo hace leña”, se puede parafrasear que de la fragua no cuidada, todos los descuideros se aprovechan. De ella sólo queda alguna parte de las paredes, habiendo desaparecido incluso la pila donde el herrero templaba los hierros incandescentes y el yunque.
La Navidad - La Lotería

La Navidad era la llegada de las naranjas, de la nieve, de rezar el rosario en la iglesia con luna llena y caminar por las sendas abiertas en la nieve. Era el besar al niño Jesús que había estado oculto todo el año. Era el belén que habían montado por primera vez en el pueblo un cura en los años cincuenta. Era ver que con un irrigador de lavativa se hacía una cascada en el belén de la iglesia. Era el llegar de las participaciones de la Lotería de Navidad que enviaban familiares de Madrid, comprados en la administración de Doña Manolita. Era ir a la misa del gallo en la Nochebuena. Era volver con la luna brillando sobre los prados llenos de nieve. Eran los villancicos que cantaban las mozas del pueblo. El Adeste Fideles o el “pero mira como beben los peces en el río” que yo nunca entendí. Eran las campanadas en la Puerta del Sol en la única radio que existía en el pueblo. Era el día que los de la ciudad tomaban uvas y nosotros solo contábamos las doce campanadas y decíamos: “año nuevo, vida nueva”. Pero el año nuevo sería igual que el año anterior. Con las mismas vacas, las mismas ovejas, las mismas cabras, la misma pobreza y el mismo frío que en Navidad helaba la cara y se metía en el cuerpo. No había más esperanza. Había pasado el día de la lotería y tampoco había tocado. Nada. Nunca tocaba nada. El futuro era el trabajo. Todo ello se reflexionaba en el año nuevo. Y todos los años nuevos alguien tomaba la decisión de irse hacia otras tierras. Alguien también se moría y había que limpiar de nieve el camposanto para poder enterrarle. Debía ser muy frío el estar bajo tierra, una vez que los hombres del pueblo se volvían a sus casas. Sólo iban los hombres al cementerio. Las esposas, las mujeres se quedaban a la salida de la iglesia.
Los Reyes Magos que no llegaban nunca

Era la Navidad, el momento en que los padrinos nos daban el aguinaldo de naranjas, higos, castañas y nueces. No había juguetes. Los Reyes Magos, habitualmente, se caían al pantano, decían los padres. Y no llegaban. O tal vez había mucha nieve y los camellos no habían podido avanzar. Nunca llegaban. Días más tarde nos traían alguna peonza o algún portalápices que habían dejado los Reyes en casa de nuestras lejanas madrinas. Pero nada más. Los días de la Navidad se consumían leyendo el periódico, los libros de historias, tal vez, alguno religioso, los libros de costumbres de Pereda u otros semejantes. Pero había que leer. Inevitablemente en las noches, había que leer. Se jugaba a las cartas, al tute, a la brisca, a todo aquello que las cartas, el parchís o las damas permitían…
Vuelta a empezar
Cuando terminaban las vacaciones de Navidad, los que estudiaban volvían a la ciudad, a los pueblos importantes y nosotros esperábamos que retornara la maestra que nos volvería a contar historias que hubiera oído ella en sus Navidades. Nos contaba que era de un pueblo de la estepa castellana, en la que no había agua. La fuente la tenían a varios kilómetros del pueblo. ¿Cómo era posible, si en el nuestro todo era agua? En invierno era la nieve, en primavera el deshielo, en verano las tormentas y en otoño las lluvias antes de las nieves. ¿Cómo era posible que hubiera pueblos sin agua? Además, para allá enviábamos nosotros el agua con el río Pisuerga.
El peso de la nieve que hundía los tejados
De vez en cuando, por el peso de la nieve, alguna viga de madera, en alguna casa , en algún pajar, en alguna hornera, se rompía y había que apuntalarla para que no se hundiera con ella todo el tejado. En la primavera se iba al monte a cortar un árbol o aprovechar alguno caído para reponer la viga rota. En el invierno se daba de comer dos veces a los animales y se les soltaba a medio día para que bebieran en el río o en los pilones. Se limpiaban cada día las cuadras. Alguien, no recuerdo quién- destruyó un hermoso abrevadero que había en el pueblo. Era de piedra labrada y fue sustituído por uno de cemento. Debió descansar cuando terminó. Ni siquiera la fuente en piedra de sillería quedó en pie.
La cigüeña

Llegado el tres de febrero, día arriba, día abajo, aparecía la cigüeña volando sobre los chopos del pueblo. “Ha llegado la cigüeña” gritábamos los niños que nos adomábamos a las ventanas de la escuela para ver sus pasadas, aunque estuviera nevando. La cigüeña y su llegada simbolizaban que ya el invierno estaba avanzando. No que había pasado, sino que había transcurrido una parte importante del mismo. Cuando se iban los pastores transhumantes a Extremadura, era que se acercaba el invierno. Cuando veíamos la cigüeña, era que el invierno se iba venciendo. O por lo menos eso nos parecía. Pero aún quedaban varios meses para que llegara el tiempo primaveral. La cigüeña echaba la nieve del nido y allí bajo la nieve o en las fuentes heladas del invierno permanecían quietos, incóviles, el macho y la hembra. Siempre decíamos la cigüeña, aunque hubiera dos. Anidaban en los chopos, al lado del molino, hasta que hacía el 6 de agosto emigraban a otroas tierras, después de haber criado. ¡Han volado los cigüeños!, era otro de los acontecimientos a tener en cuenta en nuestra mirada de niños. Les veíamos entrenarse, saltando sobre el nido, hasta que un día les observábamos volando al lado de los padres, alrededor del nido, al principio y más tarde, un día se perdían en el cielo…

DL B-35.562/2008
@Escenas de la vida rural. Oleo de Simal para este libro “Imágenes para el recuerdo”
(edición personal y limitada)


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Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería


Tocando y bailando en Redondo Foto recogida por J.L. Estalayo

Del libro "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería"
Autor: Froilán de Lózar
Editorial: Cultura y Comunicación, 2008
3ª. Edición, Julio de 2014


En las fiestas de los pueblos, a los romeros se les daba, como plato especial, ‘la pucherada’ (garbanzos y carne de oveja). No faltaba tampoco la morcilla, llamada de las ‘trancas’ (velón que va alrededor del hígado y corazón). De postre, los sabrosos frisuelos y arroz con leche.

Cuando las fiestas eran en invierno, los forasteros se quedaban en el pueblo ocho o diez días, debido al temporal y a la altura considerable que alcanzaban los neveros. En mayo se celebraba “el día de la caridad”. Por ejemplo, en Polentinos, tenían la llamada “caridad” gente de Vañes y Estalaya. El cura entonces rezaba: “Por los fundadores del prao rincón”, “Por los fundadores del prao las presas”, “por los fundadores del prao muñices”, etc. y de carga se entregaban dos libras de pan por el prado de la fuente de abajo y un litro de vino. Por las Candelas, en febrero, los vecinos bebían en unas tazas de plata, que en pueblos como Lebanza aún se conservan. El trigo se sembraba en octubre y hacia marzo iban todos a limpiarlo con azadillas y herramientas manuales. Hay quien asegura que esto tenía que hacerse los días llamados ‘cadillos’: los tres últimos días de mayo y los tres primeros de junio, antes llamados de San Juan. De esta manera se perdían los cardos y ya no volvían a salir.
  • A comer la oveja 
Quienes no han vivido en esta tierra, los que la conocen por las referencias de visitantes y cronistas, se sorprenderían de tantas historias como se fueron desentrañando en ella. Yo que vengo dedicado en cuerpo y alma a remover sus fueros y costumbres, todavía me sorprendo con esos relatos de poderes ocultos que fueron transmitiéndose oralmente y en los que con todo lujo de detalles se nos va describiendo el misterio que rodeó cada escenario, las pócimas utilizadas para aventar el mal y los diferentes personajes que se vieron envueltos o rodeados por ellas. Muchos pueblos de nuestra montaña, cada vez con menos fuerza y entusiasmo, han venido reviviendo costumbres que arrastran ese halo de misterio. Es conocido el juicio que se le hacía a San Damián, en Lastrilla, enfrente de la casa del cura, representado por un muñeco que colgaba de la pared. Mascarada que no siempre era del agrado de la gente mayor.

Unos días antes de la festividad de los Santos, los jóvenes de muchos pueblos de la montaña compraban la oveja más grande para cenarla al atardecer del día uno. En algunos pueblos, como Valdegama y Villacibio, se sustituía por un burro, que recibía el nombre de ‘machorra’ o ‘borra’. Y la costumbre ha ido tímidamente despertando en otros puntos de la alta montaña, sin fecha concreta, armonizando con la llegada de los emigrantes.

En Villanueva de la Peña tenían autorización para matar una borrega todos los domingos hasta el día de los Santos. Los mozos vendían la carne a las mujeres del pueblo y con lo que obtenían les quedaba para comprar una borrega para ellos y cenarla mientras se iban relevando para tocar las campanas a difunto.

El tío Rus, un paisano de Rebanal de Las Llantas que se hizo famoso en la comarca por el dicho “yo tengo una hija y al que se case con ella le mando ciento sillas y cincuenta mil duros de empeño”, cuentan que un año les comió buena parte de una oveja y no volvieron a tener noticias suyas.

En Villabellaco, el día de los difuntos se encendía una gran hoguera de la que el sacerdote recogía las cenizas para el incienso. Para que los mozos tocaran las campanas el sacerdote les pagaba el vino de la cena. En Villanueva o Bustillo el sacerdote les daba a los niños un panecillo y una perra chica. Yo mismo recuerdo, siendo niño, que el de San Salvador nos daba también algo simbólico a los monaguillos.
  • Las misas votivas de Lores 
El día 31 de diciembre de cada año, al presentar los libros al Ayuntamiento de San Salvador, el pueblo de Lores consignaba en sus cuentas las mil pesetas que pagaba durante el año a Julio Roldán, presbítero, por las misas votivas que se celebraban en la parroquia en honor de los santos siguientes: Águeda, viuda; Fabián y Sebastián, mártires; Virgen de las Candelas y San Lorenzo, diácono, que es el patrono (10 de agosto).


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27 de julio de 2008

El bosque fósil de Verdeña




Robert Wagner Boon [1] explica en Verdeña, ante un equipo de Televisión Española, los orígenes de un bosque fósil cuya antigüedad se ha calculado en 300 millones de años. Alguien, en algún momento del rodaje, indaga acerca de su posible deterioro, aludiendo con razón a los rigores del invierno, los animales sueltos, los visitantes sin escrúpulos que ya arrancaron trozos de la pared vertical donde se recogen tan importantes vestigios, temores a los que el paleontólogo enseguida pone remedio: "Tranquilos, no se preocupen ustedes, porque de cualquier modo este descubrimiento sobrevivirá a todos nosotros". Lo que ya se hace más difícil de explicar, más incluso que la evolución humana, es el tremendo cataclismo que alteró la tierra y levantó una montaña donde antes reinaba un mar. Wagner habla de la montaña como si fuera parte suya, que lo es en el mejor de los sentidos, apurando pinceladas históricas que cambian de alguna manera esa visión que siempre tuvimos de ella.

En el año 2002, visita el lugar un grupo de 34 paleontólogos, visita que precede al Congreso de la Sociedad Española de Paleontología y la Asociación de Paleólogos de la Lengua Española, que tenía anunciada su clausura el día 27 de septiembre en Salamanca. A la misma asistieron como guías Robert Wagner y José Bienvenida, de las universidades de Córdoba y de Vigo, encargados de estudiar este importante yacimiento. La Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León ha preparado sendas para llegar al bosque, ha elaborado carteles explicativos y un mirador para su observación. La pared donde estaba asentado mide 150 metros de largo y 18 de alto y fue descubierta accidentalmente durante una excavación de carbón a cielo abierto que se realizaba en la zona años atrás.

Según los expertos “estas marcas y la interpretación de su contexto geológico han permitido a los paleontólogos que visitaron el lugar, reconstruir la azarosa existencia de este bosque costero, situado sobre un delta que después de su completo desarrollo, fue destruido catastróficamente, al hundirse la franja costera, debido a un movimiento sísmico”...
__________

[1] Wagner Boon, Robert, investigador holandés, lleva residiendo muchos años en España. Fruto de sus investigaciones, es el bosque de fósiles de Verdeña, que el descubrió en las últimas décadas del pasado siglo.

Para saber más:
"Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", de Froilán de Lózar, Editorial Aruz, 2ªEdcc, Julio de 2009.




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Orígenes Montaña Palentina

El autor

Froilán de Lózar. Publicista-Escritor.

Premio de periodismo Ciudad de Palencia; II Premio Internacional de Poesía "Diego de Losada" (Zamora); Premio Nacional de Novela Corta "La Tribuna de Castilla (Valladolid); Finalista Premio de Novela Bubok-Lengua de Trapo, 2016.

La más bella canción: los libros

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