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Ninfa

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Cualquiera de las deidades benéficas vinculadas a las aguas, bosques, selvas y montañas. Cualquier diccionario te lo dice. Otros te explicarán que con tal nombre se define a la joven hermosa. Y quienes nos movemos con desigual fortuna por los vericuetos literarios, añadiremos que, ninfa, en la mitología griega y romana, es la deidad femenina que personifica la fecundidad de la naturaleza.
En Redondo, a las tres de la tarde del día 8 de enero de 1903, ante el juez municipal don Nicolás Duque y su secretario Gregorio Duque, compareció don Joaquín de Mier, natural de Tremaya, con objeto de que se reconociera y fuera inscrita en el Registro Civil una niña a la que conoceríamos para siempre por el nombre de Ninfa.

Ninfa, pequeña flor del norte, nació en el domicilio del declarante, su padre, un labrador de 27 años y fue su madre Florentina Mediavilla, natural de Herreruela, provincia de Palencia. Nieta por línea paterna de Gregorio de Mier y de Juana Gómez, y por la materna, de Marcos Medi…

Nómadas del mundo

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Ahora que tanto valor se le da a la palabra futuro, ahora que se multiplican en Internet las páginas que hablan de Palencia, ahora que casi todo el mundo dedica parte de su tiempo de ocio al senderismo y aspira de verdad este remanso de paz que tanto sentido aporta a nuestra vida, conviene matizar algunas cosas.


Cualquiera puede imaginarse un mundo. Es cierto que, las historias de cada uno son distintas, que cada uno procura desarrollarlas a su modo, tratando siempre de llevar a la realidad algunos sueños.
Hace unos años, Watu Acción Indígena, una organización no gubernamental, convocó en Madrid un foro internacional de debate que reunió a representantes de asociaciones nómadas y pastoriles de diversos países de Europa, Asia y Africa. La intención de aquel encuentro era demostrar la sostenibilidad de las prácticas nómadas y transhumantes.
Aquella pretensión tal vez sea una quimera, pero tanto hemos acelerado el paso en los últimos tiempos que pretendemos, a la vista está, cargarnos de…

Hogar, dulce hogar

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Además de creer o valorar en su justa medida los terribles inviernos que en estas altas tierras se vivieron, siempre he recordado, por haberlo vivido en carne propia, uno de los últimos tiempos, cuando la abuela, un poco perdida la cabeza, con aquel gracejo suyo que aun en las más adversas condiciones delataba, entonaba uno de sus romances preferidos.

El pasado mes de agosto, aprovechando unos días de vacaciones en San Salvador, he recorrido de arriba abajo por última vez la casa donde nací, allá por el barrio que Gabriel, “el dios de la Pernía” bautizó como de “Cantarranas”.

El desván estaba lleno de baules, repletos éstos de ropas y vajillas, gordas y raídas enciclopedias, cuentos de Anderssen, recibos de la contribución territorial de mediados de siglo por valor de 47 pesetas y 49 céntimos a nombre de mi abuelo Clementino Rodríguez Bárcena, oriundo de Olleros de Paredes Rubias, y un incalculable número de ejemplares de Diario Palentino, cuando nuestro redactor jefe, Gonzálo Ortega …

Un paseo por las nubes

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En Camasobres, mientras despedimos a Felipe, el hombre que me narraba allí mismo hace unos años su supervivencia al extraperlo, miro hacia el hotel que se levanta a un paso de la que fuera su casa. Miro a los forasteros que han venido para acompañar a la familia. Frente a la iglesia (de bonito retablo interior, aunque con las paredes llenas de humedad y el suelo hundido, como cediendo un poco ante el hecho evidente de un ocaso), se levanta un hotel que mañana puede ser el futuro.
La cosa pinta bien, vienen a decir todos, pero se necesitan muchos decibelios de optimismo para venir a establecerse en medio de la nada, con un proyecto que implica el desembolso de muchos millones de pesetas. Puede que la cosa pite, pero se necesita un milagro, parecen contestar los diez o doce habitantes de este pueblo, que todavía lo ven como lo viera Borges: “Estoy solo y no hay nadie ante el espejo”. Esa es la pregunta más caliente y el gran reto al mismo tiempo en estos primeros días del nuevo siglo. ¿…

La joya herida

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Mucho se ha escrito sobre la Colegiata de San Salvador de Cantamuga. Su fundación por la Condesa Elvira en señal de agradecimiento –dice la leyenda– al milagro que devuelve lo sentidos a la criada para que grite la inocencia de su ama y señora. No en vano, la condesa fue conducida por la zona más agreste de la Peña Tremaya, cuando el conde estalla en celos.Ver también: La joya olvidada, en la Columna "Con Permiso" de Pedro de Hoyos

Es de dominio público que la leyenda es un camino para explicar un hecho, pero presumo que muchas de las lecturas que se tejen en torno a las historias de estas comarcas, vienen arañando en buena medida la veracidad, pues parten de un castillo que los historiadores y etnógrafos aseguran que existió en la cima de la peña, cuya parte posterior muestra la agresividad que luego citan los cantores y donde sólo un milagro parece evidenciarse, caso de haberse realizado la travesía en una noche infernal, con todos los elementos en contra, incluyendo a la …

El diablo cojuelo

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La vida se mueve a una velocidad de vértigo. En el pasado más reciente uno se impresionaba fácilmente con las historias más pequeñas: las leyendas que al amparo del silencio y en connivencia con aquellos lugares tomaban formas caprichosas, según la voluntad del narrador; historias que fluían sin cesar y en las que se iban acomodando unos personajes que bien avanzados los años siguen moviéndose al son del tocador de turno.
Yo agradezco mucho esta ventana que me abren, donde vengo a convocar y a insistir una vez tras otra en la memoria del corazón, emulando torpemente al “Último hombre”, de Albert Camus (borrador hallado en el coche donde encontró la muerte), que la editorial rescata en su memoria póstuma. Porque en el goteo de estas narraciones aflora el homenaje a los primeros fundadores de los pueblos, lo que se traduce en permanencia desde nuestra humilde posición, sin olvidar el sacrificio que implica vivir cada día más alejado de ese mundo, metidos en esa velocidad vertiginosa a l…

El viaje vertical

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Hay preguntas que cuesta mucho trabajo hacerlas. Preguntas que uno lanza a los demás. Preguntas que uno se hace a sí mismo. Preguntas como se hacen los personajes que toman vida en “El viaje vertical”, la novela de Enrique Vila-Matas. Y aparecen las interrogaciones como una demanda, para que preparemos un camino que a todos nos conduce hacia un final imprevisto, también obligatorio; de cualquier modo, impresionable.

Qué será de su vida, como si estuviera lejos el momento de preguntarnos cada uno por la nuestra, para recomponer así esos trocitos rotos, la crisis emocional, el arrepentimiento por aquello que fue como nunca deseamos que fuera.
En ese vagabundeo por la memoria, yo me acuerdo mucho de la gente. Muchas veces escribo a su dictado y aprecio en su carácter una especie de revulsivo que les da fuerzas para combatir la irritabilidad, esa clase de asma que provoca el rechazo en otras personas, acostumbrados estos paisanos míos al aislamiento, a la galería, al pastoreo; hecho el ho…

Libro de costumbres

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“El día 12 de diciembre de 1859, a las siete y treinta minutos de la mañana, le nacía un hijo de su mujer legítima al cirujano de Támara, un pueblecito de noventa vecinos situado en la provincia de Palencia, y del cual no tienen la más leve noticia los demás habitantes del mundo” Así recupera la profesora Beatriz Quintana Jato la palabra de Sinesio Delgado, un costumbrista noventa y nueve años mayor que yo, con clara ascendencia montañesa por su lado paterno, que mira con añoranza y arrojo hacia el ayer de sus días, volcado en el empeño de valorar lo que fue quedando en el pasado, un tiempo de juegos y costumbres que hoy nos sirve a sus paisanos de alimento.
Nace este artículo con una pretensión muy parecida: volver la mirada hacia esa puerta por la que cruzamos, mostrar a nuestros hijos aquellos caminos; vislumbrar aquellos rostros que a nuestros ojos infantiles habían ganado sobradamente el cielo vadeando los desiguales prados, sembrando la avena en primavera, en cuanto el sol abría…

El arado

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Uno quisiera ser, amable lector, ese espíritu que nos sirve de puente para conectar con los lugares y las gentes de otras épocas. Dicen los sabios autores que en “el libro de las Behetrías (1340-1352) se habla de la potestad del obispo de Palencia sobre esta tierra y parte de La Liébana, y desde que Alfonso XI asignara la donación de sus antecesores al obispo D.Blas, hasta la muerte de Ramón Barberá en 1924, cuando La Gaceta de Madrid publica la vacante en el Condado de Pernía, la historia no ha dejado de crecer alrededor nuestro.
No se trata de un crecimiento demográfico. Los pueblos —constatación seria y preocupante— se nos mueren, porque, aunque también sea bueno, un pueblo no puede mantenerse del recuerdo. Sospechamos que ni una planificación en toda regla, ni una publicidad agresiva, ni las convocatorias anuales de turismo, ni el empeño constante de cuantos queremos ver un futuro esplendoroso para estas comarcas, puede hacer que la situación cambie. Porque la mejora la fomenta la…

Romancerillo

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Clemente Lomba, natural de Casavegas y afincado en Santander, viene a Bilbao en abril para pedirme una aportación al “Romancerillo Cántabro”, muy bien llevado por Fernando Gomarín Guirado, director del Aula de Etnografía de la Universidad de Cantabria. Una de las ventajas que ocasionan la distancia y el olvido, quizá la única, es la conservación del Patrimonio oral: las marzas, los reyes, las coplas populares y los romances, cuyas notas tanta nostalgia me provocan, pues vienen al recuerdo muchas personas que desde Piedrasluengas a Polentinos y desde Lebanza a Celada de Roblecedo, llenaron tantos días de convivencia. Pero frente a la ventaja de practicarlo con cierta regularidad, ante la ausencia de nuevas mareas, existe también el riesgo de perderlo, ya que pocas personas –por falta sobre todo de tiempo y ayuda de las Instituciones regionales, comarcales, e incluso locales–, pueden dedicarse a recopilarlo.
La edición de Fernando Gomarín, en la que colabora el Ayuntamiento de Santa Mar…

Tapar un hueco

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Existen grietas casi imposibles de tapar. Lo saben quienes viven allá, aferrados a la tierra que tanto decimos añorar los que nos fuímos. Un lector me llama para pedirme que regrese.



Y lo cierto es que no me costaría nada romper algunos lazos que ahora me atan aquí y buscar la paz y la serenidad que no hallamos en este punto del país (por otro lado con esa imagen nueva de turismo moderno y acelerado que ahora se viene prodigando). Pero también aquí es necesaria nuestra presencia, no por esto que vemos, sino por aquello que dejamos; no por este mal que nos atormenta y nos persigue, sino por aquella familia que un día nos despidió a la puerta de casa sin poder precisar quién padeció más, si aquellos que se quedaron o aquellos que decidieron buscar fuera lo que allí no encontraban. Al fin y al cabo, aunque utilicemos un tono poético para decirlo, peregrinos somos todos, porque todos pasamos, hasta aquellos que nos esperan impacientes junto a la vereda que conduce al Cueto. Ocurre habitua…

El mejor tesoro

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En otro artículo de esta misma serie mencionamos la cueva del Neredo, en Lores, donde los vecinos buscaron en otro tiempo una caldera de oro, ayudados por una adivinadora de Santander que aquí perdió el olfato y las supuestas dotes. La misma curiosidad que años antes le había llevado a un sacerdote a entrar con un brazo de velas que se le agotaron, regresando al pueblo con las manos vacías. Una historia similar me la transmitió Francisco Pérez, de Polentinos, pueblo en el que se suscita “la leyenda de la piel de toro”, que rezaba así: “A la orilla de un camino, cerca de una fuente, está enterrada la piel de un toro llena de oro”. También los vecinos de este pueblo, próximo a Carracedo, se toman la leyenda al pie de la letra y la buscan en dos lugares: la fuente grande, cerca de Vañes, que mana al lado de un camino y en el terreno denominado “los salguerales”. A mediados del pasado siglo sus abuelos les cuentan la película que describe los hechos. Cómo fueron llamados los vecinos a hue…

A tí, mujer

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Matilde Herrero, tía segunda por línea parterna y vecina de Lores, guardaba como un tesoro los libros de cuentas y de historias, algunos de los cuáles recibí como herencia una vez que los sobrinos repartieron sus pertenencias.

Matilde era una mujer noble. Siempre decimos cosas buenas de los muertos, pero sirva de acicate mi visita semanal a su casona, lo que activaba mis deseos de aprender cosas relacionadas con la tierra: cómo se desarrollaba el trabajo en sus tiempos de moza, cómo era la convivencia; tradiciones que se vivían con una vocación hoy en desuso; costumbres que hacían leyes, o servidumbre que ella misma experimentó en Piedrasluengas, donde asimiló tanto las coplas de aquel horquero trastornado, que todavía la recuerdo de pie, de espaldas a la trébede, en aquella cocina recogida (con una puerta lateral que daba al horno donde se hacían las mejores rosquillas del mundo); la lumbre a medio gas y sobre las parrillas un pequeño puchero, mientras la mujer iba recitando de una ma…

Cuestión de carácter

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Cuando el presidente de una gran cadena de establecimientos recurrió a la fábula de la rana y el escorpión, pensé inmediatamente en trasladársela a ustedes para dibujar la situación que padecemos, que amenaza con encallar ese inmenso barco de ilusiones que durante los últimos años hemos venido manejando. Cuentan que una rana y un escorpión se encontraron un día a la orilla del río. Los dos querían cruzarlo. El escorpión no sabía nadar, pero le ofreció protección a la rana para que le ayudara.
—¿Cómo sé que no me picarás mientras cruzamos el río? —le preguntó la temerosa dama. —Pues, muy sencillo –respondió el escorpión–. Yo no sé nadar y si te picara moriríamos los dos.
La rana, convencida, dejó que el escorpión se subiera encima y comenzaron a cruzar el río. Hacia la mitad del recorrido, el escorpión clavó el aguijón en el cuerpo de su portadora, que incrédula, mirándole, acertó a exclamar:
—¿Por qué lo has hecho, si sabes que tú también morirás? Y el escorpión le contestó: —Porque…

El monasterio

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Cinco kilómetros al oeste de San Salvador de Cantamuga, se encuentra el monasterio, que debió ser -conforme atestiguan viejas crónicas-el más importante de estas altas tierras del Pisuerga. Sanatorio antituberculoso, colegiata, abadía y seminario menor.
El edificio se halla enclavado a los pies del monte, recogido al comienzo de un extenso valle, mirando de costado al Peñalabra. Para llegar hasta este rincón de la provincia, mansión que fuera del poderío eclesiástico, hemos de atravesar Lebanza, pueblo al que debe su existencia.


En 1179, el obispo palentino don Raimundo, concedió 10 días de perdones a quienes trabajaran para reconstruir el monasterio, doblando la absolución a los vecinos que aportasen carro y pareja de bueyes. (Precedente que puede derivarse de las viejas ordenanzas de estos núcleos montañeses, como la llamada huebra de concejo, que tenla lugar en el mes de mayo y donde se acordaba la limpieza de las calles, excluyendo de la sanción de dos reales a aquellos vecinos que…

Toma el carbón y corre

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Como el hombre tropieza más de una vez en la misma piedra y esa piedra es el motivo de esta historia, he de pronunciarme con claridad sobre este asunto del carbón a cielo abierto que ahora ruge con fuerza hacia las tierras que miran a la villa de Guardo. Que no vengan ahora los empresarios anotando los puestos de trabajo que implica, porque sabemos cómo queda un limón cuando lo exprimen. Porque conocimos ya la devastación de Santullán y debemos intuir el incumplimiento de empresarios y políticos; los primeros, porque prefirieron perder el dinero que entregaban en depósito y, los segundos, alcaldes y concejales de los pueblos, porque desviaron el dinero hacia otros menesteres y se pasaron por alto la restauración de los terrenos. Esa es la gran verdad y, aunque deban matizarse algunos hechos, han de servír de ejemplo los calveros que dejaron abiertos. “Guardo no será un nuevo Barruelo” –respondió Evilio Morán en 1994 a un periodista de esta casa, haciendo clara alusión al eje vital de …

Antropología de la ferocidad

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Un miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, se desplazó en la década de 1970 a las tierras de Liébana, cerca de nuestra provincia, para elaborar un estudio profundo de lo que el autor denominó “rara pureza”; “una estructura económico-social, una cultura y una ecología perfectamente tradicionales en los pueblos del norte de España”. Javier López Linage, que estableció en Bárago su cuartel general, ya dedujo entonces que sus reflexiones sobre aquella forma de vida podían ser aplicables, con leves matices, a todos los pueblos lebaniegos ya muchos otros de toda Cantabria. Aprovechando dicha coyuntura, iremos más lejos, para afirmar que tales definiciones nos alcanzan: la belleza es un caudal inagotable y no debemos olvidar que conservarlo ha supuesto un enorme sacrificio en los lugares donde no han sido buenos los accesos, han sido muy duros los inviernos y el censo de población –pese a las perspectivas turísticas que ahora se barajan– sigue descendiendo. “Dónde irá el…

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