El Oso como símbolo





Hace muchos años que los montañeses polemizan sobre el papel del animal. Cuentan que un tocayo mío, de Valdeprado, mató 14 osos cuando los osos abundaban tanto como los jabalíes o los corzos. Y es curioso que, los animales, bellas criaturas, aunque a veces dañinos y feroces, sigan formando parte importante de las tertulias.


Cada lado siente de manera distinta la actuación de los hombres que se encuentran con él. Así, un vecino de Verdeña, precioso rincón donde los defensores de este animal levantan un museo para rendirle culto, me contaba con la mayor naturalidad del mundo su encuentro con el plantígrado: “El oso venía de frente. Yo me salí ligeramente del sendero y él siguió caminando”.

Ignoro si los osos, como las personas, tienen días buenos y malos, y no sabemos si el hombre lo soñó o será cierto que hay osos tan dulces que te lanzan un guiño y hombres tan drescreídos que le meten al animal dos tiros.

Una cervecería de Barruelo, que abrió en la última década del pasado siglo, mostraba en su fachada una talla en madera de una osa y su osezno, realizados por Ursi, el escultor nacido en aquel valle. Pero no sólo en la montaña se ha descrito o se ha pensado en el oso como razón para un arbitrio. Miguel Delibes de Castro propuso alternativas en Palencia para respetar su habitat, idea que rubricó también Francisco Jambrina, consejero entonces de Medio Ambiente. Hasta Mariano del Mazo, conocido y admirado periodista, le dedicó una de sus columnas. Tampoco se quedaron atrás los grupos ecologistas que en nuestra provincia dieron con la llave para frenar el embalse de Vidrieros y en la provincia vecina consiguieron abortar varios proyectos en la Sierra de Hijar.

Las situaciones son diferentes para cada uno y cada uno las juzgará conforme a una serie de parámetros que se balancean en una cuerda, en cuyos extremos, supuestamente, deliberan lugareños y forasteros sobre las posturas más correctas para abordar el asunto.

Yo pasé muchas horas en casa de Pepe, que vivía a las afueras de Polentinos. El hombre, mientras buscaba con el mayor disimulo todo el aire posible para sus pulmones rotos de picar en las minas del contorno, me contaba las veces que el oso había llegado hasta su puerta y había saqueado sus colmenas.

A otros ganaderos oí decir que había matado a sus novillos o a us potros. En Mayo de 1977, “El Caso” contaba que un oso había penetrado en el redil de un vecino de San Martín de los Herreros y habían muerto axfisiados 16 ovejas y 58 corderos. También es cierto que otros le acusaban sin verlo, seguros de su olfato, guiados por las que parecían ser sus huellas, en cierta manera ufanos de ser durante algunos días los protagonistas de las charlas mientras echaban un tute en la cantina.

Seguramente, por todas las historias que ahora se descomponen, vuelvan un día a ponerse de moda los relatos donde el montañés va mezclando con tino las causas y los hechos. Basta para ello conocer en profundad las veredas, retomar las narraciones de los mayores que nos contaron sus vivencias; añadirle, como no, un poquito de salsa, una pizca de humor, y una generosa mano de ficción, lo que volverá a dejarnos a las puertas de la incertidumbre. ¿Quién obró bien? ¿Qué motivos tuvo el cazador para descerrajarle un tiro? ¿Por qué el oso (además de una raza en peligro de extinción), se ha convertido en un animal sagrado, casi un ídolo?

A mí lo único que me sabe mal, lo que no entiendo ni compartiré nunca es que un bicho se convierta en la primera causa. Es más, incluso para aquellos que nunca compartirán conmigo este lamento, sea el animal la única causa a tener en consideración. Hay un lema que me parece, en cambio, idóneo y prioritario (lo que abordaremos en una próxima entrega): “Quédate a vivir”.

Sabes que el oso anda por las montañas, te alegras, lo celebras, procuras apartarte del camino para que muestre su poder, te inventas un encuentro con él para distraer a tus compañeros de partida e, incluso, se te permite acusarle de robar miel o matar a un novillo que se alejó de la manada. El oso es una razón que los montañeses han de considerar, nunca anteponer como hacen otros.

Cuando al hombre se le tienda la mano y lleguen las ayudas prometidas para la zona norte, entonces será el momento de hablar del oso pardo.


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