Incomunicados

Otra vez los acontecimientos me desbordan y debo adelantar mis reflexiones para que coincidan en el lugar y el tiempo. Cuando comienzo a escribir estas líneas, nieva en Bilbao con una inusitada fuerza. Niños y mayores se mezclan en los patios llenándose las manos del elemento blanco. Ya el sábado por la noche, la radio notificó que la Diputación de aquí, tenía preparados veinte coches especiales y quince o veinte máquinas quitanieves.



Los diarios no llegaron con normalidad a muchos de los puntos de encuentro, y como de costumbre, cundió la alarma por unos palmos nieve, forzando una sonrisa de mi máquina. El domingo por la noche me llaman de San Salvador. A pesar de conocer la intensidad que aquí alcanza la nieve, están alarmados: algunos tejados se han hundido y por sus palabras me recuerdan la gran nevada de hace doce años. El telediario dice que ochocientos pueblos de toda España se encuentran incomunicados. Pero cuando se generaliza la noticia, ésta deja de tener importancia. Quienes tienen aquí su rebaño, sus vacas, su trabajo, ven la parte negra de la nieve, y vuelvo a reincidir en lo ajeno sin que ello me sirva de consuelo.

En Ibias, en la parte asturiana, junto al puerto de Connio, se vive una aventura similar. Los 74 pueblos que forman el municipio, viven con una escasez de medios que supera con creces cualquiera de las nuestras: el sesenta por ciento carece de teléfono y se llega por caminos de tierra. Ese mismo porcentaje carece de alumbrado y las basuras se tiran por doquier. Pero volvamos a lo nuestro.

El lunes, a las doce de la noche, llamo a San Salvador. Siguen incomunicados, sopla un fuerte viento y no reciben la señal de televisión. Algunos vecinos han hablado de ponerse en contacto con un diario madrileño. El martes por la mañana, hoy, cuando remito al periódico este artículo hecho crónica, muchos de los puntos conflictivos se han ido despejando y ha remitido el temporal en la montaña. Quizás peor consuelo llevan las zonas cántabras de Tresviso, Caloca y Polaciones , vecinos nuestros, que el domingo se mencionaban en todos los medios vascos, pero donde sucede algo similar a lo que aquí venimos denunciando: los medios técnicos y humanos no se sitúan donde verdaderamente se están necesitando. Varias máquinas se han averiado y el lunes se volvieron de Vañes, quedando los pueblos de Castillería y Pernía incomunicados. No olvidemos que esta incomunicación supone graves pérdidas para los ganaderos que hacen entrega diaria de la leche.

No es la primera vez ni será la última, pero me llaman y me piden que escriba. Algo se está moviendo. También aquí se necesita ayuda, que alguien nos recuerde en los telediarios, que alguien nos mencione en los periódicos, que se agilice el servicio de limpieza para que lleguen el panadero y el cartero, el médico y la ambulancia. porque son cuatro días, puede que cinco, o seis, cuando en el resto de lugares se están desbordando las noticias por veinte centímetros, como sucede en Cataluña, y el personal pone el grito en el cielo por dos días de incomunicación.

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