A cielo abierto

No es suficiente. Cuando la Junta Vecinal de un pueblo y el Servicio de Protección del Medio Ambiente, utilizando todos los recursos a su alcance, tratan de paralizar una obra que puede suponer la mutilación de muchas hectáreas de terreno, no es suficiente el titular de un periódico, ni unas palabras, ni un artículo...



Hace algunos años, cuando muchas de las minas internas iban a quebrar, nos dijeron que la explotación a «cielo abierto» podía mantenerlas, ya que desde el exterior se podía hacer un seguimiento de las capas. Entonces, el Gobierno se pronunció claramente: «El carbón hay que extraerlo como sea y de donde sea». Es decir, no importaba el precio que hubieran de pagar los pueblos. Aquellos días, cuando empezaban a remover los terrenos con ciertas dosis de cautela, encontraron infinidad de fórmulas para convencernos. Se habló de una nueva forma de explotación y aprovechamiento, a la que era imposible llegar desde dentro. El empleo de una maquinaria, nuevas vías de comunicación para los pueblos, «cortafuegos», descubrimiento de fenómenos geológicos ignorados, como la desviación de las distintas vetas, apoyo a la minería clásica...

Hoy todo se ha quedado en palabras bonitas. Lo que interesa, a toda costa, es el dinero fácil. Las cláusulas que hablaban de la restitución se han olvidado, para dar paso a pruebas y más pruebas que van quedando al paso de este nuevo tipo de invasores. Los ecologistas hablaron del oso, llevaron con una dosis de aberración bastante grande, la muerte de un oso en Brañosera, todo el país lo supo y hasta se puso en movimiento un sistema que impidiera actos parecidos en otros lugares. Los ecologistas denunciaron la tala masiva de árboles en un bosque de San Salvador, pero pocas veces se han pronunciado con similar contundencia en contra del avasallamiento de los terrenos que circundan a estas localidades.

Los habitantes de estos núcleos ya conocen los resultados. Los han experimentado en sus carnes. Frente a la ignominia y la desobediencia de este nuevo tipo de empresarios, ha de servir la presión de todos los sectores sociales a quienes de alguna manera nos afecta.

En todas las zonas mineras, donde ahora se padece recesión, se está ofreciendo como cosa de pega este asunto, que sólo beneficia, claramente lo hemos comprobado ya, a los promotores, porque, «La Eugenia» que se ofrecía como experimentación al desmonte de «Peñota», en terrenos del Campo, ha cerrado hace tiempo.

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