Desde la posada de Camasobres

Algo que te hace ver distinto es la garra de la gente, frente a todos los abismos que vaticinamos unos y otros en los Medios de Comunicación.
Ellos, los que viven aquí, no tratan de explicar su vida con las prestaciones tan escasas de que disponen. Ni siquiera se pronuncian cuando les colocan en medio algo que va a impedir que su vida transcurra en esa especie de balón de oxígeno que todos los demás aventuramos.



Cuando te propones algo, sabes a grosso modo con lo que cuentas y en la mayor parte de los casos, ellos han hecho lo que les apetecía, de ahí que no tengan que pedir cuentas de nada a nadie. Ellos viven la vida que les toca con lo que tienen a mano, rompiendo muchos miedos, sobrellevando muchas ausencias, remendando donde otros fracasaron antes…

Un buen ejemplo lo tenemos ahora en la Casona de Camasobres, con un cocinero cubano que se ha ganado ya la estima del contorno. No sólo te regala pinceladas genuínas en los condumios que elabora. Aquí no falta la tapa castellana entre trago y trago. Se nota y se agradece, sobre todo, esa preocupación constante porque todo esté en su punto y los comensales se vayan satisfechos.

El establecimiento se encuentra a la entrada del pueblo, junto a la carretera comarcal. Entre San Salvador y Piedrasluengas. Inicialmente, la posada se pensó para un turismo más selecto, pero el actual propietario ha cambiado de politica y ha abierto las puertas de par en par a todo el mundo. El pueblo tiene su taberna de lujo y la gente de la pernía sube a tomar sus vinos.

Ah, todo en su punto, pero si vienen a pasar un dia a la montaña y comen aquí, no dejen de probar la crema de orujo. !bendición de los dioses!

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