Romance de Joaquín Díaz

Nada me liga al investigador zamorano, salvo el asunto -lIamémosle folklore, en el que ambos ahondamos, no mucho más que todos aquellos personajes que ignorados por el mundo cantan y cuentan en la cocina de su Casa lo que aprendieron de sus antepasados.
A mi me lo han contado y se lo cuento a ustedes a golpes, despacito, como retocando viejos e incompletos escritos, hurgando con un algo de desesperación en ese ayer que raudo se nos va de las manos, como tratando en ocasiones de dar un paso atrás para rescatar así momentos memorables de nuestra historia rural.



En el año 1985 se firma un acuerdo entre la Diputación de Valladolid y el folklorista, lo que da lugar al nacimiento del Centro Etnográfico en la Casa del Siglo XVIII que aquella Institución provincial posee en Urueña.

El autor de "Comedio Yermo" (Edil. Ambito) -una historia que cuenta la inclinación que padece el hombre a la ciudad-, declaraba hace un tiempo que, 'los habitantes de Castilla y León tienen menos apego a su patrimonio cultural y tradiciones que los de otras regiones españolas".

De Joaquín ha escrito un articulista de lujo, Félix Pacho Reyero que "se trata de un catedrático de la vida y la bondad". Pero le traigo hoy a esta cólumna, porque la Institución Tello Téllez de Meneses publicó en su día una serie de cantos y tradiciones englobados bajo el título de 'Cancionero del Norte de Palencia'. Esta tarea me recuerda bastante una labor que yo emprendí por los pueblos de mi entorno. Entonces, Josefa Sordo, de Polentinos, era la encargada de elaborar unas coplas para dar la bienvenida al obispo o al gobernador. Como las coplas, la tradición de los Reyes, que con mucho esfuerzo tratan de mantener los jóvenes de La Pernía, y otras canciones y romances, algunos de las cuales le remití en su día a Luis Guzmán Rubio para que las estudiara y, si procedía, las llevara a los discos que entonces promovía Caja Palencia.

Es evidente que Joaquín Díaz, que también ha cultivado la interpretación de los romances y coplas que recogía, se ha ido moviendo por otros rincones de nuestra montaña.
Así, en el libro que cito, aparece la versión de los Reyes de Villanueva de la Torre y Pisón de Castrejón;  el Jueves Santo, de Cubillo de Ojeda; el Romance de Pascua de Resurrección y el Rosario, recogidos en Herreruela de Castillería.
El famoso cántico de la cuenca minera:

Barruelo ya no es Barruelo.
Barruelo es más que Madrid.
¿Cuándo se ha visto en Barruelo
que pase el ferrocarril?

Bailes a lo ligero, a lo pesao y algunas otras cosas que ya teníamos conocidas por transmisión de nuestros abuelos, como el rabel y la pandereta, el tamboril o la dulzaina, pero que, en definitiva, vuelven a los libros, de los que, por modestos que sean siempre se aprenden cosas: Joaquín, que sabe bastante de la agonía que pende sobre estos pueblos de montaña, con la consiguiente pérdida de tradiciones y costumbres, se ha limitado a reponerlo, a repararlo, a transmitirlo. Es como si hubiera escuchado nuestros lamentos y nos invitara a conservar tantas historias que se pierden. Acaso la cultura no importe tanto en un mundo tan lleno de calamidades, pero es cierto que pasamos por esta tierra y tratamos de ser felices, como rezan los finales de los romances de la época...

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