Origen del Convento de Viarce

En la Aventura Política de Matías Barrio y Mier, un ensayo sobre nuestro ilustre paisano de Verdeña, publicado en 2008 por la Tello Téllez, hago un extenso recorrido por una de las leyendas con la que Matías da testimonio de estos lugares y sus gentes. Matías habla de cómo se le aparece la Virgen a este moro y le manda en penitencia que peregrine a Roma. Juan de la Peña toma el camino de Roma y allí visita las tumbas de San Pedro y San Pablo, los lugares que dan motivo a las leyendas.
Allí se convierte al cristianismo, influyendo en la decisión el fraile Álvaro Pelayo, natural de San Juan de Salnés, junto a la solariega villa de Cambados, en la actual provincia de Pontevedra y, por aquel entonces, diócesis de Compostela.


Juan XXII, de quien era confesor, le anima a fundar en Viarce un Convento. Allí vivieron seis u ocho frailes y hoy todavía puede verse la distribución: el altar mirando al este, por donde sale el sol; un pequeño claustro y las celdas. Sus moradores vivieron entregados a la oración, sin descuidar la visita a los pueblos del contorno, el cultivo de la huerta alrededor del monasterio, ayudando en los oficios a los sacerdotes de las parroquias vecinas. El diccionario de Sebastián de Miñano, escrito en 1826, aporta más información sobre el convento: “En su término está el convento de franciscanos de Corpus Christi, sobre la cima de un cerro y al pie de otro mayor... La casa e iglesia son bastante capaces, el número de religiosos es comúnmente de 4 a 6, con 2 legos. Regularmente van allí por penitencia o corrección. Es muy frío y lóbrego, y se intitula Ntra. Sra. De Biarce”.

Poco tiempo más duraría la actividad en el convento, ya que sus frailes fueron expulsados en 1836 por la famosa desamortización de Mendizábal. Según los apuntes manuscritos del perniano Antonio de Mier Vélez, el convento franciscano llamado del Corpus Christi que había en Santa María de Redondo fue suprimido y sus religiosos enviados a Reinosa; los legisladores del siglo XIX dirían que fue sometido a reforma porque no contaba con más de doce religiosos, pero la realidad es que quedó deshabitado obligadamente antes de la supresión general de 1835 que afectaba a todos”.

El último fraile se hizo sacerdote, vivió en Santa María y la imagen pasó a la iglesia de este pueblo. Se sabe que un antepasado, Arnao de Velasco, hermano de D. Juan de Velasco, primer conde de Siruela, y, por tanto, cuñado de Dª. Leonor de Mendoza, legó sus bienes al Convento, historia a la que ya me he referido en otras ocasiones.

De la sección "La Madeja", para "Diario Palentino", @Febrero 2017

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