Tarde, mal y nunca

Me apasiona Delibes. Lo bueno de los escritores y de los artistas es que no mueren nunca para los demás. Y entendemos el momento que vivieron por la pasión que pusieron en describirlo. Pasión que el castellano depositó en la tierra. Una tierra más agreste y fría a medida que ibas acercándote a su montaña. Tan dura como los repobladores que fueron ocupándolas. Dice Miguel Delibes: "el castellano, antes de serlo, antes de existir Castilla, era ya un ser austero, laborioso y tenaz." Y tiene buenos motivos para apuntarlo. Tal vez más huraño, más misántropo, pero también más curtido, para ganarle la batalla a la dureza de los elementos, a todo lo que implica vivir lejos, sobrevivir a inviernos tan crudos, con todos los servicios bajo mínimos.


Lo que aquí nos desarma y nos aniquila es la desatención administrativa. No hay por dónde cogerlo. ¿Cuántos carteles hemos visto colgados de las carreteras donde se nos informaba de los presupuestos que la Junta había destinado para repararla? ¿Cuántos años? ¿Cuántas vidas? Durante muchos meses la raya amarilla nos advertía que estábamos en obras y ahora ya la pintaron de blanca, lo que viene a indicar que las obras se han concluido sin hacerlas. Que nos han engañado, que no cabe otra posición que la fatalidad de la que estamos llenos. Como dice el maestro en un ensayo fabuloso donde se da un paseo por todas sus obras, lo único que sostiene al campesino castellano es la esperanza de que el poder se acuerde algún día de que existe. Yo que no he dejado de crecer con ellos, de escuchar su lamento a la sombra de uno de sus maravillosos templos he terminado por comprender su resignación y sometimiento. Su paciente e innegable paciencia para que pase lo que tenga que pasar, para que llueva o para que escampe.

Es inútil cabrearse y patalear a estas alturas. Pero que sepan que la rebelión está ahí adentro y que nunca podrán compensarnos. Siempre han llegado tarde.

De la sección La Madeja, para "Diario Palentino"
Imagen del libro de Froilán de Lózar: La vida de César González, Las primeras imágenes de Pernía.

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