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Mostrando las entradas etiquetadas como ElFolklore

Romances a la luz del candil

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Carlos Porro, que nace en Pontevedra en 1972, aunque con raíces familiares en el pueblo palentino de Abastas, de donde son sus abuelos, es un etnógrafo de la Fundación Joaquín Díaz, que inquieto por tantos y tan diversos sones como le van llegando de nuestros pueblos, viene a poner un rayo de esperanza en esa recopilación de nuestro folclore que ya mencionábamos en el artículo anterior.Porro es autor del "Archivo de la tradición oral de Palencia", la mayor recopilación española de canciones tradicionales dedicada a una sola provincia, y ese caudal viene avalado por tonadas y romances en los que ya se fijan sorprendidos los primeros autores que escriben sobre nuestra montaña.

Otro de los factores que determina el éxito es la zona privilegiada de la que se habla, por la propia incomunicación que sufre, lo que conlleva una buena mochila de reserva donde se van acumulando hechos y canciones con las que los pueblos se entretienen y se inspiran. Menos mal que también el aislamien…

De Lorenza a Lorenza

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El tiempo, sin querer, te va situando en el camino a gentes e historias que por diversas circunstancias han estado presentes en tu memoria o en tu vida. A veces vienen sin ser vistas; a veces llegan a ti a través de otros.

En mi caso, también, por mi presencia ininterrumpida en los diarios de la provincia y mi entrega a esta tierra que tantas y tan intensas sensaciones me provoca.

Mi abuela materna se me evidencia muchas veces. Pequeña, simpática, generosa y folklórica. Mi recuerdo se llena con su imagen. Era una "especialista", porque nos transmitía como nadie sus saberes antiguos.

Dentro del variopinto mundo de las tradiciones, de manera especial la tradición oral, aparece esta figura que los estudiosos califican de fundamental porque, no sólo difunde lo que aprende, sino que, además, le añade su particular forma de entenderlo.

Es una continuadora de otras voces; se deleita con lo que otros le sugieren y la transmite, poniendo un toque personal que desgraciadamente se ha…

Coplas a Palencia

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El lunes, 9 de septiembre de 1929, en la fiesta de la Copla Castellana se asegura que en Palencia hay poetas y hay cantares. Yo diría que, en todas partes hay poetas y en todas las cosas hay poesía. Basta sentirlo de manera especial para que salga al aire y convenza, y entusiasme, y sea bálsamo eficaz a tanta herida que se abre. El redactor o cronista se fija primero en el rico lenguaje de aquellos primeros tiempos y en el juglar castellano que recita el Poema del Mío Cid, única gesta conservada de mediados del siglo XII, cuya única copia fue realizada en 1307 por un tal Per Abbat y que consta de 3730 versos. Se cree que fue compuesta en 1140 por algún juglar de Medinaceli y en la misma aparecen detalles del camino que conduce de Burgos a Valencia.
En el desván de la casa donde nací, de la que tantas veces os he hablado, rescaté antes de venderla un buen número de coplas que seguramente mi abuela, buena panderetera, había ido coleccionando. Y ellas le sirvieron para componer otras don…

Un mundo de leyendas

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Luis Díaz Viana hace referencia en su Aproximación antropológica a Castilla y León (1988), a la "Paparrasolla", que el Novísimo diccionario de la lengua castellana determina como "nombre inventado para meter miedo a los niños". Se trata de una creencia muy mencionada en el pueblo burgalés de Barbadillo de Herreros. La leyenda cuenta que un duende que vive dentro de la torre de la iglesia, sale por un ventanuco que da a la parte de atrás del campanario y se lleva a los niños desobedientes.


El mismo año que Viana, Aurelio Espinosa encuentra un monstruo en la tradición oral de Astudillo que amenaza con comerse a quien ose acercarse. Y cuentan que se comió a tres nietecitas, un molinero, un rebaño de ovejas y un batallón de soldados... ingredientes y personajes que cambian a medida que la historia corre de boca en boca. Parece que se le resistió una hormiguita, a la que amenaza como a los anteriores y que osa replicarle que si lo hace le picará el culo (o se le meterá …

Cantar para que otros bailen

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Reviso los artículos de mi gran amigo Luis Guzmán y me sumo al homenaje por la figura de su padre, fallecido en Julio de 1944, a los 40 años, cuando su cenit brillaba en lo más alto como director de la Banda Municipal de Sevilla, cuando sus obras comenzaban a señorearse por Europa.


Conociendo la gente y la tierra, que ya no es como era, seamos sinceros, me los imagino sentados en algún rincón, al socayo de alguna tenada y entre copla y copla un buen chorizo y un buen porrón del vino de La Venta.

De allí salen, entre otras, un centenar de armonizaciones: “Una boda en Tremaya”, “A la boca de una mina”, "Aunque soy de la Pernía", “Por la escalera yo vi”, "Viva Lores", "Las mozas de Cornoncillo", "Da la vuelta bailador”, “El Pericote”, “La carrasquilla”, “El Trepeletré” o El Cuevanito, cuya titularidad tanta polvareda levantó con respecto a Cantabria, conflicto que abordé hace unos años y que los lectores curiosos podrán encontrar en la hemeroteca de es…

En Camasobres, la nieve

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Permítanme que vuelva a recordar en estas líneas la figura de un folklorista palentino Luis Guzmán Rubio, que atesora en discos y libros una fuente inagotable para llegar al conocimiento de tantas personas como participaron, primero en las recopilaciones de su padre y, después, en las armonizaciones que fueron engordando el cancionero universal.


Luis recuerda con muchísimo respeto la figura de su padre, Guzmán Ricis, y el año 1928, cuando su trabajo sobre el folklore local es publicado en las actas del Congreso de Praga. Alli se citan una treintena de armonizaciones entre las que se encuentran El Cura de Perales, El Papudo de Paredes, El Pingajo, Levántate morenita...

Son incontables las personas y los pueblos que pasan a formar parte de este importante legado y que van de norte a sur de la provincia. Así recuerda el maestro y amigo las que le dictan en Villada el dulzainero Juan Cuevas y Juanina Rodríguez. Así mismo, las que le dictan en la Valdavia o en la Ojeda.

Pero se recrean pad…

Coplas Populares

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Aunque el veterano escritor y periodista Gonzalo Ortega Aragón, suele acudir con frecuencia a cantares y coplas que hacen referencia a muchos pueblos de nuestra geografía, voy a anotar alguna más, las que van llegando a través de los cantores ocasionales haciendo referencia a nuestro entorno.
El año pasado, en Camasobres, tuve la oportunidad de anotar alguno nuevo. Quienes lo confeccionaron, le pusieron por título "Jota de Polentinos", aunque no es jota, ni es concretamente de Polentinos. Se trata de estrofas de cuatro versos con rima asonante o consonante en los versos pares, donde se hace un recorrido por los terrenos y las historias de la zona.
Peña Cerezu,
Cueva los Moros,
Collao las Eras,
Vuelta a los Corros.

Entre Linares y el Cuetu
y el pantano Requejada
se sitúa Polentinos
entre valles y montañas.

En estas coplas se hace referencia a los pueblos cercanos que conocemos, pero como suele decirse, "como en nuestro pueblo, como en casa no se está en ningún sitio".

Para L…

Romance de Joaquín Díaz

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Nada me liga al investigador zamorano, salvo el asunto -lIamémosle folklore, en el que ambos ahondamos, no mucho más que todos aquellos personajes que ignorados por el mundo cantan y cuentan en la cocina de su Casa lo que aprendieron de sus antepasados. A mi me lo han contado y se lo cuento a ustedes a golpes, despacito, como retocando viejos e incompletos escritos, hurgando con un algo de desesperación en ese ayer que raudo se nos va de las manos, como tratando en ocasiones de dar un paso atrás para rescatar así momentos memorables de nuestra historia rural.

En el año 1985 se firma un acuerdo entre la Diputación de Valladolid y el folklorista, lo que da lugar al nacimiento del Centro Etnográfico en la Casa del Siglo XVIII que aquella Institución provincial posee en Urueña.
El autor de "Comedio Yermo" (Edil. Ambito) -una historia que cuenta la inclinación que padece el hombre a la ciudad-, declaraba hace un tiempo que, 'los habitantes de Castilla y León tienen menos apego…

El valle de sus amores

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Todos los año, cuando agosto deja sentir los últimos latidos, me dirijo a La Laguna, un pueblo del Valle de Polaciones. Allí coincidí un día con el alcalde de Quintana, amante del rabel, que gusta de evocar por estas fechas los temas tradicionales cántabros, en compañía de amigos campurrianos que van de fiesta en fiesta por cuatro perras, como hacíamos nosotros por estos pagos. Uno de sus amigos, después de evocar la fiesta de Carmona, o la de "los Campanos", típica de la "Viaña", antes d comenzar a cantar realiza su propia presentación ante vecinos del lugar y personas que acuden de los pueblos cercanos.



Cuenta que, cuando los de Polaciones venían de servirse de Cervera con el vino y el pan, estaban celebrando una boda en La Pernía y dice que, cuando se asomó uno de los invitados a la ventana y vio pasar los carros de los de Polaciones, dijo de esta manera:

Abrir puertas y ventanas
y también los corredores,
veréis pasar en hilera
los "tochos" de Polaciones.


Palentinos y Cántabros

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Más que comparanzas, que siempre nos conducen a enfrentamientos inútiles, he tratado de localizar vínculos, lazos y paisajes que nos unan. Yo he sido por obligación y por devoción un viajero de mi tierra. He buscado sensaciones diferentes por las tierras hermanas de España, y como bien señalo en un capítulo inédito que aparecerá en el que será mi primer libro (1), he bebido de todas.




Cantabria ha sido la primera. La hermana carnal, la prima hermana. Fuéramos o no antepasados suyos, tengamos o no sus mismos ragos, conservamos algunas de sus costumbres; nos expresamos en muchas ocasiones con sus mismas palabras; rompemos las sombras del invierno con idénticos pasos y temores, en pueblos que, sin dejar de ser hermosos, llevan como nosotros esa misma carga año tras año.

Hoy mismo he roto los zapatos “Deva” arriba. Por Espinama a Fuente Dé, dejando atrás, cerca de Potes, la Cruz que hace mil años trajo el Santo Toribio a este valle de Liébana.

Sabemos que las gargantas del “Cares” son prof…

Las costumbres

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Hacer buenas o malas las costumbres implica el rejuvenecimiento o la vejez de un pueblo. Los chinos suelen decir que, “en cada tierra su uso y en cada casa su costumbre”. Y en esta tierra tiramos de ambas con una devoción casi en desuso. Somos costumbristas por tradición, dejando entrever, como el poeta, lo cotidiano. Porque la vida está hecha de pequeñas sonrisas, de pequeños conciertos, en contra de esa función desorbitada que de nosotros pretenden algunos personajes.



El último alcalde de Polentinos, por ejemplo, fue elegido en Concejo, por un miembro de su casa. Aquí siempre votan los vecinos y no los habitantes. Se busca a un hombre, no importa la ideología ni el rostro que tenga. Se necesita la costumbre y con esa misma urgencia se implanta. Su imposición parece razonable y justa, pues busca y favorece la realización del bien social. Hubo costumbres que devoraron leyes y no están lejos las Ordenanzas, a alguno de suyos capítulos hago referencia en otros libros y artículos.

En cad…

Las raíces

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Nuestras vidas son los ríos… hermosos versos de nuestro gran poeta que nos sitúan –nunca mejor dicho– en el marco idóneo para arrancarnos. Pues no hay mensajes nuevos. Se pueden aportar frases distintas para expresar idénticos sonidos, las mismas leyendas, ritos, bailes, tradiciones y un largo etcétera de momentos que hablan de nuestra vida. Lo que sí es cierto es que, el folklore, hoy, comprende infinidad de movimientos y expresiones. Yo me atrevo a decir que esta materia trata de la vida en su más amplio concepto.[1]



Por los cuentos se inicia el gran estudio del folklore. El cuento que, más allá de la literatura, lleva un mensaje humano, un acercamiento a la realidad sin ser ella misma, una aproximación a tantos y tantos valores como se nos escapan a diario de las manos.

Yo no sé si los contadores universales han pretendido lanzarnos el mensaje; desde luego, son muchas y diferentes las versiones que se han hecho de leyendas y cuentos con arreglo a esa sociedad que va mudando de cost…

Uso y abuso de la fe

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Recordamos su revista Pernía, ya con varios años de antigüedad y logros. Insólita publicación que, fuera de su tierra palentina, quiso ser como embajada de ella; y que, además, se convirtió en caja de resonancia de muchas voces de escritores y poetas inéditos que hasta entonces aparecían enmudecidos, teniendo muchas cosas que decir. Hacer sonar esta mudez ya fue un milagro, y sólo su fe, no sólo en él, sino en los demás, pudo alimentarlo. Contra viento y marea, luchando contra obstáculos económicos y hasta contra cotos literarios donde entrar era punto menos que imposible para el novel, consiguió —está consiguiendo— formidables frutos; primero, de continuidad; y, poco a poco, de calidad. Esta revista que hoy da la mano a los artículos de Lózar, supo crecer su planta palentina en las vascas tierras de Bilbao, donde viene diciendo mucho y bien de otras tierras y hombres de España, incluso de Hispanoamérica —colaboraciones le llegan de todos los puntos cardinales de aquende y allende el …

Cuando hablan las campanas

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Las campanas doblando por tí están,
y están cavando la fosa
en que te han de echar.

Zorrilla




La campana es el elemento motor de un pueblo. Prehistórico instrumento musical que guarda un canto para cada ocasión, que pide un ritmo para cada momento; que aún hoy, en los hogares, en las cantinas, en el campo, hace que los rostros se vuelvan, se interroguen, dejen por un momento lo que tienen entre manos y busquen el motivo por el que la campana está sonando. Si es un sonido triste –porque la campana interpreta a la perfección lo que siente el campanero–, si su ritmo es lento y sobrecogedor, anunciará la muerte de un vecino. Si las campanas voltean como en los días de fiesta, a una hora desacostumbrada, nos están anunciando una catástrofe, un fuego de monte o de hacienda que nos cerca.
No quisiéramos preguntarnos en ese instante qué es lo que está pasando, qué es lo que arde, dónde está el humo o el misterio… Oímos campanas, nos revientan los tímpanos, y como dice el dicho, no sabemos dónde…

El verano en el corazón y en el comercio

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Si de folklore hablamos, el verano lo es. Unos meses, no más, de un año que se pasa veloz, como todos los años, pero unos meses llenos de pasiones, de juegos, de belleza, de superación constante en esas ramas de la vida condenadas a quebrar por cualquier imprevisto, que a veces nada tiene que ver con el verano.




¿Qué tiene el norte que no tenga el Cerrato?¿Qué significado pueden alcanzar aquí esos meses, que no alcancen en La Valdavia o en La Ojeda? Son diferentes y no viene al caso explicarlo aquí. Indudablemente, al perderse esos vestigios artesanos, o al reducirse a un simple pasatiempo, se perdieron nuestras buenas relaciones con la Tierra de Campos. No quiero decir que ahora sean malas, no. Ahora están detenidas.

Recuerdo cuando bajaba con mi padre a los mercados de Saldaña en busca de legumbres o, cuando bajábamos a Potes a vender el pimiento para la mataza. Allí adquiríamos el “queso picón”. Aquél queso, que atufaba las casas, se vendía aquí como rosquillas. También se adquiría…

Introducción al verano

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Se acaba la leyenda. Repetimos un día tras otro las frases que ayer se hicieron tinta fresca. Importa que se citen, que vayan y vengan de unos labios a otros, que se extiendan como la vieja publicidad, de boca a boca, y alcance la montaña su verdadero lugar en esta historia.




A lo mejor estamos sacando brillo a unas ilusiones que no tienen futuro, que no serán mañana, porque la montaña se mueve con las gentes que habitan en ella y allí sigue brotando silencio y mudas resonancias. Cuesta mucho, es verdad, hacer que suene algo, pero tengo el presentimiento de que lo estamos consiguiendo. Por eso se doran las palabras, que se vayan incrustando en el alma de los gobernantes las necesidades, para que no se olvide lo que fuímos o lo que tuvimos y aportamos; para que no echemos más desaliento sobre esta tierra que goza, —lo digo convencido—, de un prólogo para la paz. Está escrito en el aire, está escrito en esos rostros arrugados, está presente en esa cantina de la esquina, en esas fiestas d…

Ritos y miedos

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La sociedad, la nuestra, de los pequeños pueblos, ha experimentado un cambio profundo en sus formas de expresión y de vida. Hemos estado envueltos durante mucho tiempo en un incontable número de ritos que van más allá de un acto simple y rutinario, y que, por esa misma causa, nos han desconectado de las nuevas corrientes. Hemos vivido profundamente inmersos en nuestro propio simbolismo. El folklore no es sólo un tipo de baile o de música —eso está claro— y lo digo porque, cuando a nosotros nos hablan de un festival folklórico, enseguida lo asimilamos con cualquiera de esos grupos que durante los meses de verano llenarán las fiestas de los pueblos con sus trajes y jotas. No se reduce éste a una parcela o a un estilo en concreto y es por eso, quizá, por lo que nunca muere.



Desaparecen unos ritos y surgen otros, a veces totalmente diferentes, lo que ayuda a comprender las tendencias y los gestos en las diferentes épocas de la vida.

El académico Julio Caro Baroja nos habló de ello a través…

Las raíces

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Nuestras vidas son los ríos… hermosos versos de nuestro gran poeta que nos sitúan –nunca mejor dicho– en el marco idóneo para arrancarnos. Pues no hay mensajes nuevos. Se pueden aportar frases distintas para expresar idénticos sonidos, las mismas leyendas, ritos, bailes, tradiciones y un largo etcétera de momentos que hablan de nuestra vida. Lo que sí es cierto es que, el folklore, hoy, comprende infinidad de movimientos y expresiones. Yo me atrevo a decir que esta materia trata de la vida en su más amplio concepto. [1]



Por los cuentos se inicia el gran estudio del folklore. El cuento que, más allá de la literatura, lleva un mensaje humano, un acercamiento a la realidad sin ser ella misma, una aproximación a tantos y tantos valores como se nos escapan a diario de las manos.

Yo no sé si los contadores universales han pretendido lanzarnos el mensaje; desde luego, son muchas y diferentes las versiones que se han hecho de leyendas y cuentos con arreglo a esa sociedad que va mudando de c…

Entre el fuelle y el fuego

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Estos latidos que ofrece Froilán De Lózar son el silencio de un caminante bajo la soledad deseable de los campos, el timbre de los “Viajes, Modos y Recuerdos por el norte palentino”. La palabra rescata el tiempo perdido, levanta el paisaje de las soledades, abarca horizontes con las pupilas del sol. El entorno, la montaña, las estaciones poéticas, se someten aquí a un rocío de sublimación. En efecto, la comunicación lector/autor es crepuscular, hay un sentimiento de luz que acrecienta la libertad de las águilas. Aunque los años se lo lleven todo, quedan estos narradores como virtud protectora del poemar. Las vivencias del escritor golpean los labios de la indiferencia, nos llaman al orden, recuerdan un montón de páginas que se encuadernan en el olvido. El pensamiento de un poeta/cronista, es lluvia fina sobre verde. No le duele prendas mostrarnos los puñales desgarradores de tanta armonía herida. Lo hace on tacto. En tono reflexivo. Siendo memoria, siendo parte, siendo añoranza con el…

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